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Entre gritos y polarización: la crisis que demuestra el Congreso
00:10 lunes 1 junio, 2026
Colaboradores
Lo ocurrido la semana pasada en la Cámara de Diputados no fue solamente un altercado entre legisladores; fue una fotografía incómoda del momento político que vive México. Insultos, retos a golpes y acusaciones de presunto estado inconveniente dentro del recinto legislativo terminaron por exhibir el desgaste de la institucionalidad y la pérdida de seriedad en uno de los espacios más importantes del país. Lo alarmante ni siquiera fue el escándalo. Lo verdaderamente preocupante es que para muchos ciudadanos ya parece normal. La política mexicana atraviesa una etapa donde el espectáculo está sustituyendo al debate. El episodio entre diputados de Morena y PRI deja claro que el Congreso, en ocasiones, parece más enfocado en la confrontación emocional que en la construcción de acuerdos. Y mientras los legisladores convierten la tribuna en un campo de batalla personal, fuera del recinto millones de personas enfrentan inseguridad, desaceleración económica, pérdida de empleos y servicios públicos rebasados. Esa desconexión entre clase política y ciudadanía es precisamente lo que alimenta el hartazgo social. También está el daño institucional que no se dimensiona. Cuando dentro del Congreso surgen acusaciones de presunto consumo de alcohol o conductas fuera de control, la percepción pública cambia por completo. La ciudadanía deja de ver al Poder Legislativo como un espacio de representación y comienza a percibirlo como un entorno de improvisación y privilegios sin consecuencias. Y en política, la percepción pesa tanto como los hechos. La confianza pública no se destruye de golpe, se erosiona escena por escena. Para los congresos estatales, especialmente para la Legislatura de San Luis Potosí, el mensaje debería ser clarísimo. En tiempos donde el Estado enfrenta retos en seguridad, movilidad, desarrollo urbano y gobernanza, los diputados locales no pueden darse el lujo de replicar dinámicas de confrontación vacía. Hoy más que nunca se necesita profesionalización parlamentaria, capacidad de diálogo y control político. La ciudadanía ya no tolera el espectáculo permanente cuando los resultados siguen sin llegar. ¡Excelente inicio de semana!