Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Se trata de un Frankenstein político sin consenso. La comisión redactora de la iniciativa, integrada por figuras como el polémico Jesús Ramírez Cuevas
00:01 jueves 5 marzo, 2026
Colaboradores
La reforma electoral que enviará el gobierno de la presidenta Sheinbaum es un paso atrás en la democracia. El ADN de la propuesta, hasta donde la presentó el gobierno en una mañanera la semana pasada, es la simulación de austeridad y el riesgo de un poder avasallante de partido único.
Si no hay cambios drásticos, en cuestión de horas, el país será testigo de una jugada política que amenaza la democracia mexicana.
Lejos de ser un paso hacia la modernización, el proyecto representa un retroceso mayúsculo para los contrapesos, la pluralidad y los mecanismos de acceso al poder. Sin ajustes profundos, la propuesta nacerá muerta, pues ni siquiera los aliados de Morena están dispuestos a respaldar una reforma tan regresiva.
Se trata de un Frankenstein político sin consenso. La comisión redactora de la iniciativa, integrada por figuras como el polémico Jesús Ramírez Cuevas, el contradictorio Arturo Zaldívar y el incongruente Pablo Gómez, ha confeccionado un documento que, en vez de tejer acuerdos, dinamita cualquier posibilidad de consenso. Es un traje a la medida del oficialismo: concentración de poder en pocas manos, reducción de la pluralidad y una tendencia a silenciar voces disidentes.
Intentan justificarla, pero los hechos hablan más fuerte que sus argumentos floridos. Entre los muchos riesgos, cinco tendrían que encender las alarmas.
1) Desaparición del PREP: eliminar el Programa de Resultados Electorales Preliminares con la bandera de la austeridad, elimina la transparencia y certeza de los ciudadanos en los resultados. Sin el PREP, el conteo de actas pasaría del escrutinio público a la opacidad.
2) Censura disfrazada: Bajo el argumento de combatir las fake news, la iniciativa busca instaurar un órgano censor capaz de eliminar en tiempo real cualquier contenido incómodo en redes sociales. ¿Quién decidirá qué es falso y bajo qué criterios? La mordaza digital amenaza la libertad de expresión de millones.
3) Adiós a los plurinominales: Aunque los diputados plurinominales no gozan de buena fama, garantizan representatividad. Sin ellos, las minorías perderán voz en el Congreso cerrando así la puerta a la diversidad política.
4) Asfixia al árbitro electoral: El recorte de las 300 juntas distritales del INE pondría en riesgo la imparcialidad y el profesionalismo electoral. Se sacrifica experiencia y conocimiento, abriendo espacio a la improvisación y al control del proceso desde el poder.
5) Dinero a favor de Morena: La supuesta reducción en el financiamiento público a partidos es, en realidad, una maniobra para beneficiar al partido oficialista. El modelo propuesto otorga más recursos a Morena. Desbalancea la competencia y resta equidad al proceso electoral.
El peligro es real y los ejemplos del desastre que podría acompañar la iniciativa, están a la vista de todos.
“Desde 1991, el régimen se dedicó a desmantelar la democracia: violando la Constitución, censurando a la prensa, manipulando las elecciones, persiguiendo a disidentes…”. Son palabras de María Corina Machado en voz de su hija, durante la entrega del premio Nobel de La Paz. El relato de Venezuela es un espejo que nos advierte sobre el riesgo de bajar la guardia. Las democracias rara vez caen de un solo golpe; se erosionan paso a paso, atacando a las instituciones, asfixiando al periodismo libre, persiguiendo a quienes se atreven a disentir y tripulando el sistema electoral para favorecer al partido en el poder.
Todos queremos una democracia menos costosa, pero el precio de esta reforma electoral sería la pérdida de equidad, pluralidad y transparencia. Bajo el disfraz de la austeridad, se maquilla un asalto a la democracia: más control, más poder y más recursos para el partido en el poder.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN