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Para no perdernos en los distractores que adornan la propuesta, vale centrarnos en lo más delicado. Lo que tendría que encender las alarmas
00:01 sábado 28 febrero, 2026
Colaboradores
No es uno ni dos, sino muchos los pasos hacia atrás que la iniciativa de reforma electoral del gobierno de la presidenta Sheinbaum haría dar a México. Es una propuesta tan peligrosa como regresiva. Es un retroceso democrático.
Para no perdernos en los distractores que adornan la propuesta, vale centrarnos en lo más delicado. Lo que tendría que encender las alarmas.
Primero, con el pretexto de la “austeridad”, matarían el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Esto compromete el resultado de las elecciones porque los ciudadanos, hoy por hoy, podemos seguir en tiempo real la captura de actas y los resultados son públicos, lo que da certeza a las elecciones.
Segundo: la mordaza. Se contempla la censura a redes sociales, bajo el argumento de combatir bots o fake news. Un órgano censor tendrá la capacidad de eliminar, en tiempo real, lo que consideren falso. ¿Quién definirá qué sí y qué no es falso? ¿Bajo qué parámetros o criterios?
Tercero: adiós a los plurinominales. Sí, tienen mala fama y reputación, pero garantizan la pluralidad y representatividad. Si avanza lo que se propone, las minorías políticas no tendrían presencia legislativa. Pero, además, es tan inviable que los diputados tendrían que recorrer cientos de municipios en solo 60 días de campaña, lo que haría imposible que los ciudadanos conozcan a los candidatos. Acabar con la representación proporcional significa golpear la diversidad política, cerrarle la puerta a las minorías y abrir paso al esquema de partido único.
Cuarto: decapitan al árbitro electoral. De nuevo, so pretexto de la austeridad, le pasan tijera al INE. Se eliminan, por ejemplo, las 300 juntas distritales del Instituto, lo que pondría en riesgo la imparcialidad con la que debe conducirse el árbitro electoral, y abriría la posibilidad a la improvisación, pues se desecha la experiencia y conocimiento.
Quinto: más dinero (y poder) a Morena; menos para el resto de los partidos. La propuesta pretende reducir el financiamiento público, lo que no está mal. La contradicción aparece cuando el mayor tijeretazo lo resentirían los partidos pequeños, mientras Morena tendría ventaja sobre el resto. En ese sentido, la propuesta del Verde suena más sensata: reducción pareja, todos los partidos tendrían la misma bolsa que el PT, el partido que menos dinero público recibe.
Todos queremos una democracia más barata, sí, pero el costo en este caso sería mayor, porque la reforma lo único que haría es darle más poder al poder.
OFF THE RÉCORD
Nada, por cierto, sobre los tentáculos del narco en campañas. Nada, sobre el dinero sucio que corre a raudales en los procesos electorales. Nada, sobre fortalecer al árbitro y la fiscalización a partidos… La aritmética legislativa no falla: Morena no tiene los votos suficientes para aprobar la reforma, y ni el Verde ni el PT entregarán todos los necesarios. Así como se propone, no avanzará.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN