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Trump, como hizo con Venezuela, cualquier sábado o domingo por la madrugada puede jalar el gatillo contra los cárteles mexicanos dentro de México
00:10 domingo 18 enero, 2026
Colaboradores
Washington.- Llevamos décadas sin encontrar solución a nuestra impotencia frente a la violencia generada por el narcotráfico y la de delincuentes que, sabiendo que la palabra narco genera terror e intimidación, se hacen pasar por estos usando tácticas macabras.
Desde que Felipe Calderón lanzó su guerra militarizada contra el narcotráfico sin pies ni cabeza y colocó a Genaro García Luna al frente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), aliado y protector de capos, los mexicanos vivimos en un estado de ansiedad y angustia.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, con sus aires de emperador, agregó mayores congojas a nuestras preocupaciones. Sin el menor tiento de humanismo, Trump dijo que van a comenzar los ataques militares en tierra contra los cárteles del narcotráfico porque, sostiene -y pese a que elogia un día sí y otro también a la presidenta Claudia Sheinbaum-, que en México los cárteles son los que gobiernan.
Ya pasamos la etapa de pensar que la verborrea trumpiana era eso, una fanfarronada infundada. Tras el ataque militar avasallador que ordenó contra Venezuela en la madrugada de este 3 de enero para extraer a Nicolás Maduro y a su esposa y llevarlos a Nueva York acusados de narcoterroristas, más nos vale poner a remojar nuestras barbas.
Desde mi trinchera como tecleador considero que todos mis colegas en este bendito oficio de informar ya no pasaremos los fines de semana tranquilos. Trump como hizo con Venezuela, cualquier sábado o domingo por la madrugada puede jalar el gatillo contra los cárteles mexicanos dentro de México. ¡Qué pinche incertidumbre, carajo!
Su servidor, que se mofó de aquellas declaraciones de Trump de que él sabe dónde se esconden los jefes de los cárteles del narcotráfico y conoce hasta el color de las puertas de sus guaridas, no puede dejar de pensar que el Pentágono puede entrar a mi país para matar o atrapar a narcos, dejando un gran saldo de víctimas inocentes, y luego salir.
Los cobardes capos del narcotráfico siempre se esconden en casas de seguridad ubicadas en zonas urbanas porque creen que así el gobierno no los atacará ya que puede morir gente inocente en el intento.
A Trump le valen madre los daños colaterales.
Si así estoy yo, cómo estarán los jefes de los cárteles, digo, si no han entendido nada tras lo ocurrido en Venezuela: la interceptación de cinco buques petroleros, la destrucción de 32 lanchas y la ejecución extrajudicial de 112 personas, es porque son como Calderón que afirma nunca supo que García Luna, su amigo, asesor, confidente, mano derecha y titular de la SSP, era aliado del Cártel de Sinaloa.
Ya no importa el hecho de que Sheinbaum entregó a Estados Unidos en calidad de expulsados para que hagan con ellos lo que se les venga en gana a Caro Quintero, La Tuta, El Cuini o El Z40, entre otros. Trump quiere imponerse como emperador y policía del mundo para salvar a millones de sus inocentes conciudadanos adictos a las drogas y ganar votos para su partido el republicano que puede perder el Capitolio.
Trump sabe que si los demócratas arrebatan una de las dos cámaras a los republicanos, su imperio comenzaría a desmoronarse. Es el imperialista más honesto que ha dado el mundo: nos telegrafía sus planes y no oculta sus intereses. Por ejemplo, en lo de Venezuela, nunca dijo que fuera por la democracia o la justicia sino para apoderarse del petróleo.
Nuestra impotencia ante la violencia, inseguridad, extorsiones, ejecuciones o secuestros, nada puede hacer contra la injerencia militar de Trump. Como me lo dijo el pasado viernes por la noche un integrante del gabinete de la presidenta Sheinbaum, en Palacio de Gobierno hay mucha preocupación por lo que puede hacer Trump en el país a la hora que sea.
Error groso sería enrollarnos en puritanismo patrióticos y llamar apátridas o malinchistas a quienes no repudien una posible acción militar, no invasión de Estados Unidos contra los cárteles para ejecutar o capturar a jefes del narcotráfico que nos tienen en estado de pánico.
Después de todo, no sirvió de nada la estrategia militarizada de Calderón, menos el sexenio de corrupción de Enrique Peña Nieto y ni los “abrazos no balazos” de Andrés Manuel López Obrador.
Señor Trump: si va a acabar con los narcos, también ataque a los suyos, porque sí hay; no son simples dealers, ya son Cárteles Gringos.
POR: J. JESÚS ESQUIVEL
@JJESUSESQUIVEL