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La atención está ahora en el T-MEC y los problemas a su alrededor, de desconfianza en los marcos legales para inversión externa
00:10 domingo 25 enero, 2026
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El gobierno mexicano, y sus representantes diplomáticos y consulares en Estados Unidos, deberán enfrentar una situación que, sin ser históricamente inédita, es preocupante en este momento: 38% de los estadounidenses apoya una intervención militar en México. Ciertamente no es, ni de lejos, un respaldo general: la encuesta del Instituto Marista de Opinión Pública sobre política exterior, hecha los días 13 y 14 de enero, encontró el respaldo republicano a acciones militares en Venezuela (83%), Irán (75%), México (74%), Cuba (71%), y Groenlandia (57%). Pero 60%, incluso demócratas e independientes, se opusieron. La encuesta tiene muchas implicaciones, desde su rechazo a las promesas de enfoque en temas domésticos hechas por el propio presidente Donald Trump durante su campaña electoral hasta la negación del supuesto espíritu aislacionista de los republicanos. Pero eso tiene que ver también con la forma en que se ha desarrollado la relación bilateral en los últimos años, y en especial tras la llegada de Trump al eje de la política estadounidense. Parte es la inminencia del proceso de negociación política que acompaña ya la revisión del acuerdo comercial México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) y que, a querer o no, tendrá lugar en los próximos meses. Y todo el juego se va a desarrollar en Washington los próximos meses, hasta que las partes del acuerdo definan el primero de julio si deciden ir adelante o dejarlo morir, sea gradualmente o por retiro. Y eso sin contar las presiones que el gobierno Trump ejerce en relación a sus reclamos de seguridad o de sus partidarios por temas tan específicos como la solidaridad mexicana con Cuba. Y de hecho, una primera consecuencia sería la que algunas fuentes consideran como inminente suspensión de envíos de petróleo mexicano a Cuba. Cierto. Ha habido atención a temas tradicionalmente complicados, como los intercambios de agua en la frontera, migración, comercio y, en reflejo de la calidad de la relación general, cientos de miles de estadounidenses emigraron a México en busca de mejores condiciones de vida. Pero como suele ocurrir en la historia mexicana, hay poca atención formal a los rejuegos políticos dentro de Estados Unidos y sus secuelas. La atención está ahora en el T-MEC y los problemas a su alrededor, de desconfianza en los marcos legales para inversión externa, al cumplimiento de normas de contenido, pero también en cuestiones de seguridad, incluso migración y específicamente narcotráfico y el trasiego de fentanilo, que al igual que el comercio fueron parte fundamental de las campañas electorales de Trump en 2016 y en 2024. La decisión del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, y seguida por la presidencia de Claudia Sheinbaum, de quitar atención y recursos a temas externos fue útil en lo doméstico, pero limitó acciones en cuanto a la relación con Estados Unidos, que es mucho más que las conversaciones entre jefes de Estado. Ahora hay preocupación por el futuro del T-MEC y las amenazas de acciones militares estadounidenses. POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS COLABORADOR JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM @CARRENOJOSE