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Una cosa es cierta y es que criticar el instrumento no elimina el problema
00:11 viernes 11 septiembre, 2026
Colaboradores
Seguramente, amables lectores, hemos escuchado -por no decir, argumentado- al menos una excusa por la cual se puede reprobar un examen. Y aventurándome en la idiosincrasia mexa, podría afirmar con mucha seguridad que hemos oído alguna vez "es que todos reprobaron", "es que el maestro es el que explica mal". Y no, no se trata en la columna de esta semana meternos en el traje de Malcolm, Lisa Simpson o Sheldon Cooper, pero sí de reflexionar sobre lo que ha vivido la educación en México en los últimos días.
Los recientes resultados publicados de la prueba PISA 2025, presentados por la OCDE, revelaron que México continúa significativamente por debajo del promedio global, al ubicarse en el penúltimo lugar en Matemáticas, Lectura y Ciencias, con 388, 408 y 414 puntos respectivamente. En pocas palabras, el 70 por ciento de los estudiantes no alcanza el nivel mínimo para resolver operaciones matemáticas simples, alrededor del 50 por ciento carece de habilidades básicas para comprender lo que dice un texto y, pese a que en Ciencias hubo un ligero incremento estadístico, no aplican pensamiento científico. El rezago, en conclusión, deja a 4 de cada 10 estudiantes menores de 15 años por debajo del nivel básico en las tres materias.
Por si fuera poco, México también quedó por debajo del promedio en la resolución de problemas en entornos digitales con 453 puntos. Ahora bien, los resultados son alarmantes, sin duda. Sería escupir al cielo el pensar lo contrario. Sin embargo, llama la atención, por no decir que preocupa, el cuestionamiento del gobierno a PISA, argumentando que "otros países también bajaron". Un par de cosas que hay que dejar muy claras: primero, esto no es una competencia entre administraciones ni responsabilidad de un solo color, porque el mejor resultado de México en la prueba se remonta hasta 2009; ¿y qué cree?: 419, 420 y 420, en Matemáticas, Lectura y Ciencias respectivamente fue lo que obtuvieron los estudiantes. También por debajo del promedio y nada lejanos a los esplendorosos datos de 2025. Es decir, la deuda con la enseñanza es abrumadora y las reformas educativas -la actual y las anteriores-, un fracaso. Segundo, si bien PISA no es perfecta, ¿realmente eso es motivo suficiente para encontrar argumentos de por qué reprobamos? Una cosa es cierta y es que criticar el instrumento no elimina el problema, muy por el contrario, desnuda la atención que le ponemos a quienes, en la teoría, son los siguientes médicos, constructores, ingenieros, ¡maestros! Piense usted en el padre o madre que llega a rabiar a la primaria o secundaria, pegando gritos y buscando desaforadamente al injusto maestro que no hace bien su trabajo y que reprobó a su retoño. Es una escena que, sin ir más lejos, encuentra usted hurgando en las redes sociales. Por ello, es claro que la responsabilidad institucional de estos resultados es, sin duda, compartida; pero lo que también es una verdad a todas luces es que al gobierno actual sí le corresponde decidir qué hacer con el diagnóstico. Y qué hacer no solamente contempla elevar el rendimiento.
Mejor, poner atención en la calidad de la educación, desde la preparación y actualización de plantas docentes, la infraestructura, los entornos, el acceso para que menores de todo el país puedan estudiar. Se requieren por supuesto líderes comprometidos más con las tablas de multiplicar que con farmear aura en un reel de redes. Pensémoslo de esta manera: comprender un texto -un rubro que debería preocupar imperiosamente- no sirve solamente para aprobar. Imaginemos a las nuevas generaciones firmando contratos, recibiendo noticias, compartiendo publicaciones en redes. Y la lista puede seguir: valorando publicidad, ofertas de crédito, propaganda, desinformación. Vamos, los estudiantes que hoy reprobaron en comprensión lectora serán electores en algún momento; incluso leer es una herramienta muy democrática. En fin. Quizá sí estaba difícil, otros reprobaron y el examen tenga defectos. Eso puede pasar y la narrativa puede irse al cuello de la prueba una y mil veces, aunque ninguna cambia la realidad de millones de estudiantes ni el futuro que se vislumbra para México. Después de todo, PISA podrá medir Matemáticas, Lectura y Ciencias; pero no hay examen que alcance a calificar la indiferencia institucional.