Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
La obra de teatro Azul Bosques confirma que el amor es un acto revolucionario, especialmente en un mundo en el que la ira no le tiene pánico a nada
00:10 jueves 7 mayo, 2026
Colaboradores
Tengo edad para recordar el escándalo que suscitaban los gemidos orgásmicos de Donna Summer en tantos éxitos radiofónicos de los 70. O el que resultara de la sola mención de Madonna a lo largo de una década de videos omnisexuales, brassières cónicos y libros sado. Recuerdo el pánico moral que provocaran las obras teatrales de una Irma Serrano sistemáticamente encuerada en el Teatro Fru Fru, lo mismo que el estreno de La Tarea, a mi juicio la más fresa de las películas de Jaime Humberto Hermosillo (pero, eso sí, ligera de ropas y de cascos). Vi al mundo dar voces de gazmoñería por El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima, las disfunciones vestimentarias de Janet Jackson, las confesiones orgiásticas de Catherine Millet, los videos caseros de Pamela Anderson, la publicidad frontal de Tom Ford, el twerking sarcástico de Miley Cyrus y la lubricidad implícita en el reggaetón y explícita en el perreo.
Medio siglo después, lo que escandaliza es más bien el perceptible desinterés de los centennials si no por el sexo al menos por su narrativa. De ahí que hoy ya nadie se llame a escándalo de que el director, dramaturgo y actor David Gaitán se ponga en escena a sí mismo en francas pelotas –salvo por unos botines– y proceda a narrar con fruición primero un encuentro homosexual, luego uno heterosexual. En el universo de Azul Bosques –la obra que presenta los miércoles a las 8 pm en el coyoacanense Teatro La Capilla–, el sexo no es tabú pero si insumo cuya prática se ve estrictamente regulada por el Estado: es su reducción a incentivo ayuno de significación allende lo estrictamente corporal lo que garantiza la paz social y la estabilidad política del regimen. En suma, es soma, en un mundo mejor (es decir peor) que el imaginado por Aldous Huxley ya sólo porque su mecanismo de enajenación es cosa que traemos dentro pero también que escapa a nuestro control.
En la distopía de un Gaitán siempre sagaz para leer su tiempo, lo que concita pánico moral y por tanto constituye un peligro político es el amor, que terminará por detonar una revolución menos por programa ideológico que por acting out, resultado involuntario de la fuerza primigenia en que reside su poder indomable y transformador. Montada con pocos recursos, enorme ingenio y un solo actor –acaso el mejor intérprete de ese dramaturgo para ese director–, Azul Bosques abstrae el momento político que vivimos hoy y con ello logra aislar su principal motor: el odio. El de Trump y Milei, Bukele y Netanyahu, pero también el del antisemitismo y los identitarismos todos. El de la elite y el del gueto. El que prodigan los tech bros y el que reciben. El de la 4T y el de la oposición.
La obra es tan demoledora y tan buena que salí cantando a Burt Bacharach: “What the world needs now is love, sweet love”. Y con urgencia.
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
IG Y THREADS: @NICOLASALVARADOLECTOR