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A eso habrá que sumar las fisuras internas en distintas entidades que atizan la guerra intestina y que, en los estados, también carcomen a la marca
00:10 domingo 3 mayo, 2026
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Los números que tienen en Palacio Nacional ya han encendido las alarmas. Si bien Morena sigue a la cabeza en intención de voto, acumula una caída constante durante diez meses. Los números los tiene en su escritorio la presidenta Sheinbaum. La marca se desgasta. Por eso los ajustes, por eso el volantazo. No es casualidad la abrupta salida de la dirigencia de Luisa María Alcalde. Tampoco que no se le avisara con antelación ni se pactaran los términos con ella. Hay molestia por el errático manejo del partido. Más preocupante aun para la presidenta, cuentan dos fuentes de su círculo más íntimo, es que lo que en algún momento se convirtió en el principal activo de Morena, el combate a la corrupción, ahora se haya convertido en una pesada loza que cargar. Los escándalos que han envuelto a parte de la élite del morenismo han desgastado al partido. Señalamientos por abusos, dispendio y lujos, de personajes como Adán Augusto López o Gerardo Fernández Noroña, han pasado factura. Las mentiras e hipocresías, cuestan. A eso habrá que sumar las fisuras internas en distintas entidades que atizan la guerra intestina y que, en los estados, también carcomen a la marca. Los pleitos entre quienes aspiran a ser candidatos a una de las 17 gubernaturas que se renovarán en 2027, están fuera de control y la dirigencia de Alcalde, Andy López Beltrán y compañía, no lograron controlarlos. Hay incendios políticos en medio país. Si a eso sumamos la mala relación con los partidos aliados, PT y Verde, que sintiéndose agraviados le juegan las contras en distintos territorios a Morena, el coctel luce peligroso. Próximo video en 1Cancelar
En ninguna encuesta que está en el escritorio de la presidenta, Morena alcanza la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, que se renovará el próximo año. Es más, con trabajos logran la mayoría simple. Y de las 17 gubernaturas que se disputarán, seis estarían perdidas (Aguascalientes, Campeche, Querétaro, Michoacán, Nuevo León y San Luis Potosí), cuatro se han cerrado (Chihuahua, Zacatecas, Sonora y Baja California Sur) y en solo siete el triunfo parecería seguro. No habría, pues, carro completo. Por primera vez desde 2018, tras una elección, Morena perdería en número de gubernaturas en lugar de acumular más. Parte del diagnóstico en Palacio es que: la dirigencia quedó rebasada y sus liderazgos están distraídos, lo mismo en su vida personal que en superficialidades; los voceros que en el papel defienden a Morena han sido superados o traen agenda propia (Arturo Ávila -que además no goza de la confianza presidencial- o Vanessa Romero, por ejemplo); la no sanción de los casos evidentes de corrupción vuelve poco creíble el discurso de cero impunidad y el “no somos iguales” se cae a pedazos. Y lo más delicado: el desgaste de Morena amenaza con arrastrar la popularidad del principal activo del morenismo: la presidenta. Son tres meses donde se registran bajas en la aprobación. Porque Sheinbaum no puede sola y su partido en lugar de ayudarle, le estorba y le mete el pie. En el Congreso le juega las contras en más de una; sus liderazgos no acusan de recibido ante los llamados de atención desde la mañanera; y pocos operan para ella. Off the record
La presidenta ya ha comenzado a poner a correr a los suyos en el país. La batuta de esa operación recae en Alfonso Ramírez Cuéllar. POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN COLABORADOR M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM @MLOPEZSANMARTIN