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El genocidio de los palestinos en Gaza no puede ser una excepción a las leyes internacionales, por ejemplo
00:01 martes 13 octubre, 2026
Colaboradores
Washington.- La pretensión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de querer desaparecer a la Corte Penal Internacional (CPI) porque considera que las leyes globales no se aplican a sus ciudadanos, abre una Caja de Pandora que arrastraría a otras naciones a hacer lo mismo y concluiría en una catástrofe para la paz y la humanidad.
La CPI fue fundada y creada para garantizar el respeto e instrumentación del derecho internacional y de las leyes que den certeza de que nadie, sin importar su nacionalidad, es inmune a pagar un precio muy alto por cometer crímenes de lesa humanidad.
Los responsables de masacres, guerras injustificadas, genocidios y graves violaciones a los derechos humanos no se diferencian por el color de piel o nacionalidad, son homicidas de la peor calaña.
El derecho internacional no es selectivo, pero Trump con sus ideas imperialistas considera todo lo contrario. De la ideología racista del mandatario estadunidense emana su decisión que pretenden ahorcar financieramente a la CPI hasta desaparecerla.
Militares, políticos y ciudadanos estadunidenses deben ser inmunes a las leyes internacionales, aunque estén directa o indirectamente embarrados hasta el cuello en crímenes sujetos a la jurisdicción de la CPI. Esto es lo que pide Trump como condición para no destruir al órgano multilateral.
Este precedente abominable que sienta Trump puede ser homologado por gobiernos de países del mundo que ejercen el poder con mano de hierro y socavan los principios legales y los mecanismos más elementales que garantizan la integridad de los derechos humanos.
¿Por qué ellos sí y nosotros no? Podrá argumentar y con toda razón algún gobierno inconforme con decretos de la CPI en referencia al unilateralismo delincuencial del gobierno de Trump.
Cómo un gobernante que ordena una guerra injustificada, que quiere eliminar a la institución avalada por gran parte de las naciones para defender e instrumentar de manera equitativa el derecho internacional como garantía para la paz y la integridad de los derechos y valores humanos, exige que se le reconozca con el Premio Nobel de la Paz.
Suena ofensivo y vulgar el narcisismo de Trump que ante su ciudadanía se rompe las vestiduras por intereses electorales, argumentando su defensa a ultranza para que no sean sujetos al mismo escrutinio y castigos que Estados Unidos recomienda para con sus adversarios.
El genocidio de los palestinos en Gaza no puede ser una excepción a las leyes internacionales, por ejemplo. El gobierno del primer ministro israelita, Benjamín Netanyahu, tendría que ser sometido a una pesquisa de la CPI. Es lo mínimo que puede hacer y demandar la sociedad mundial.
Nada justifica al terrorismo en cualquier forma y lugar del planeta, es un crimen atroz que tiene que ser castigado con todo el peso de la justicia.
De la estabilidad y firmeza de las leyes dependen la paz y la armonía entre las naciones. Las ínfulas imperiales y de policía mundial con las que Trump pretende manipular al mundo para destruir a la CPI, cuya jurisdicción no reconoce Estados Unidos, debe ser el aliciente para que, sin escuchar las amenazas de Washington, la sociedad global diga: ¡basta! La justicia por la defensa de la paz está por encima del egoísmo.
Por: J. Jesús Esquivel
@JJesusEsquivel