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La más reciente aventura bélica del pacifista (sic) Trump no está resultando tan sencilla, lo cual lo deja con dos alternativas
00:01 miércoles 11 marzo, 2026
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Es casi imposible que un conflicto armado pueda darse en el vacío, queridos lectores, sin afectar a terceros no directamente involucrados. Si bien hay algunos casos en que el desbordamiento es menor -o que los medios internacionales le ponen menor atención- casi siempre las olas expansivas llegan hasta las orillas más serenas.
Si eso sucede en casi todos los casos, no se requiere ser un genio del análisis y la prospectiva geopolítica para darse cuenta de que en Irán confluyen todos los elementos necesarios para armar lo que los clásicos llamaban un despapaye.
Está primero la región, ya incendiada primero por los ataques terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023 y luego por la generalización de la guerra en Gaza y Líbano y de la gradual anexión de Cisjordania por parte de colonos israelíes. La mirada del mundo ya estaba puesta sobre la región.
Y lo ha estado siempre. Aunque a algunos les sorprenda, Medio Oriente ha sido noticia internacional por lo menos desde los tiempos de las Cruzadas, sin hablar siquiera de lo religioso y espiritual, pues ahí confluyen las tres grandes religiones monoteístas modernas.
Agreguemos factores económicos y logísticos: una quinta parte de la producción petrolera mundial pasa (o pasaba) diariamente a través del Estrecho de Ormuz, y el Canal de Suez es un conducto estratégico para muchas cadenas de producción y distribución globales. Más tardó Irán en amenazar al tráfico por Ormuz que las aseguradoras en cancelar sus pólizas y las grandes compañías transportistas en comenzar a cancelar contratos. El precio del petróleo pasó de 60 USD por barril a más de 100, con impactos casi inmediatos para los consumidores.
Donald Trump decidió incursionar en Irán de la mano de Benjamín Netanyahu, seguramente confiado por su rotundo éxito en Venezuela y convencido de que el régimen iraní no sería capaz de aguantar la muerte de sus líderes y el abrumador impacto militar. En cosa de unos días Irán quedaría “liberado”.
Pero no fue así: el régimen tiene mucho más control (y sustento) del que creían en Washington y Tel Aviv, estaba mucho mejor preparado para aguantar ataques demoledores y tenía sus propios planes.
Demasiado pronto para prever el desenlace, lo que ya podemos afirmar es que para Donald Trump esto se resume en dos opciones: decir que ganó y retirarse, o permanecer hasta lograr sus objetivos, que son tan cambiantes que probablemente ni él mismo los recuerda ya.
El daño en vidas humanas e infraestructura civil será incalculable, el deterioro del aparato militar iraní demoledor, las afectaciones a los vecinos terribles, así como el impacto para la economía global.
Peor aún será el costo de aquello que no se puede medir: el crecimiento del radicalismo religioso, el odio y la intolerancia. El antisemitismo y la islamofobia encontrarán nuevos pretextos para extenderse (como si los necesitaran) y los propagadores de odio y de noticias falsas harán, para variar, su agosto.
POR GABRIEL GUERRA CASTELLANOS
GGUERRA@GCYA.NET
@GABRIELGUERRAC