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Él y otros le apostarán a la fiebre del Mundial, al olvido colectivo, a la acumulación de crisis para que la suya se disipe. Pero no
00:10 jueves 18 junio, 2026
Colaboradores
Se cumplen 50 días de que Rubén Rocha Moya se esfumó. Más de mes y medio escondido; protegido.
Él y otros le apostarán a la fiebre del Mundial, al olvido colectivo, a la acumulación de crisis para que la suya se disipe. Pero no. Rocha Moya sigue siendo EL tema. El escándalo que lo envuelve no se evapora ni desaparece, aunque él sí lo haga.
El gobernador con licencia de Sinaloa no da la cara. No responde por las acusaciones que le hacen en EU. Y en México, el gobierno de su partido lo encubre; es comparsa. ¿Dónde está? ¿Vive en su ‘estado’? ¿Tiene escolta? ¿O está bajo resguardo?
De Rocha no hay mucho que esperar. ¿Qué se puede pedir a quien se habría aliado con narcos para convertirse en gobernador? Lo que sí resulta descriptivo es lo que ha hecho Morena en estos 50 días. Pese al huracán que los arrastra, resisten en la defensa de un presunto criminal.
Tampoco es que sorprenda demasiado. Morena no puede separarse de Rubén Rocha Moya. No puede, porque Rocha los representa y describe. Es radiografía de una manera de hacer política; el modus operandi que han utilizado para ganar elecciones: recibir dinero de los cárteles, pactar con criminales, aliarse con ellos y en pago: co-gobernar.
Sinaloa no es un accidente ni excepción. Es norma. Por eso la suerte del gobernador con licencia, es la del partido. Exhibirlo a él es desnudar la manera en que Morena asaltó el poder; es tirarles la máscara a quienes han repetido que es “el pueblo” el que los tiene donde están, cuando en realidad son acuerdos y nexos indecibles.
Rocha fue candidato porque AMLO lo impuso. No ganó la encuesta interna de Morena en Sinaloa. El mismo gobernador acusado por narcotráfico en EU lo ha reconocido. Luego, obtuvo el triunfo porque un cártel operó para él. Ovidio y Joaquín Guzmán han dicho en EU que se reunieron con Rocha y acordaron respaldarlo. Días antes a la jornada electoral, la estructura de Los Chapitos levantó a los operadores electorales de la oposición. “Alrededor de mil personas fueron amenazadas y secuestradas”, me ha dicho Mario Zamora, entonces adversario en la elección de gobernador de Rocha Moya.
El triunfo de Morena en Sinaloa fue ilegítimo. La operación electoral cristalizó el arreglo entre Morena y el narco. En pago, según la propia acusación de un Gran Jurado en Nueva York, Rocha entregó posiciones clave a una facción del Cártel de Sinaloa y co-gobernó con ellos.
Todo eso lo supieron AMLO, la dirigencia de Morena, y fue validado por la autoridad electoral, que es cómplice.
Por eso el partido en el gobierno no puede descobijarlo. Entregarlo es tanto como autoinculparse. Por eso, aunque haya pedido licencia, lo protegen. Por eso pusieron a su #2 como gobernadora interina.
Pero la suerte del gobernador con licencia ya está echada. Y con la suya, la de varios morenistas encumbrados, comenzando por AMLO. Pensarán que sacándolo del ojo público lo encubren, pero ya no alcanza. Rocha pasó del “no hay nada que temer” a pedir licencia al Congreso para separarse del cargo en menos de 48 horas. Y de ahí, a esfumarse. El miedo en Morena se huele. Si cae Rocha se desmorona el partido y se les cae a pedazos López Obrador.
POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
COLABORADOR
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN