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En el marco de debates frecuentemente politizados, algunos gobiernos, incluso el mexicano, han propuesto lineamientos
00:01 sábado 8 agosto, 2026
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El poema del escritor y político español Ramón de Campoamor, escrito en el siglo XIX, se ajusta, como un guante, a las ambiciones de muchos gobiernos actuales, deseosos de hacer prevalecer su opinión: "En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira".
En el marco de debates frecuentemente politizados, algunos gobiernos, incluso el mexicano, han propuesto lineamientos que aseguran tienen la intención primaria de proteger a las audiencias y asegurarles un producto veraz e imparcial. Suena bien, pero...
En Estados Unidos, por ejemplo, el gobierno del presidente Donald Trump es acusado de tratar de presionar a los medios de comunicación tanto mediante procesos legales como judiciales y económicos: a periodistas, mediante demandas para identificar a sus fuentes de información o enfrentar multas y hasta cárcel, así como juicios por difamación, que incluyen a los medios que publiquen sus versiones. A las empresas, mediante limitaciones a sus planes de trabajo, de expansión, o amenazas a sus licencias de difusión.
Para Brendan Carr, director de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) del gobierno Trump, las cadenas de radio y televisión "llegaron a un acuerdo con el pueblo estadounidense. Ustedes, los radiodifusores, obtienen acceso subvencionado –acceso gratuito– a un recurso público valioso: el espectro radioeléctrico, valorado en miles de millones de dólares. A cambio, deben operar en interés del público".
Como país, agregó, "deberíamos contar con medios de comunicación respetados y dignos de confianza, y no estamos en esa situación".
El problema, sin embargo, es que Carr es considerado como un más que fiel aliado del presidente Trump, que lo nombró el año pasado y lo definió como "un abogado de la libertad de expresión". Pero de acuerdo con sus críticos, desde que asumió la presidencia de la Comisión Federal de Comunicaciones, Carr ha librado una batalla contra la libertad de expresión de quienes han informado sobre el presidente, lo han criticado o se han burlado de él.
Más aún, en la práctica ha apoyado la compra de cadenas de televisión o radio por multimillonarios amigos de Trump y "sugerido" cambios o despidos de reporteros o comentaristas que no apoyan al gobierno. Y en varios casos le han prestado atención.
Trump ha llegado a quejarse de que "97% de los medios electrónicos están en su contra". Pero muchos medios y grupos especializados acusan que la libertad de prensa está en peligro.
La formulación y la forma de operar no son nuevas en el mundo, pero sí en Estados Unidos, donde el gobierno Trump usa y, según la queja, hasta abusa de los marcos legales para lograr sus fines. Lo cierto es que todos los gobiernos desearían que sus versiones fueran divulgadas sin cuestionamientos, sin dudas, como verdades absolutas.
Pero el problema está menos en las reglas, que frecuentemente suenan lógicas, sino en la intención y los intereses de los encargados de interpretarlas y aplicarlas. Porque como diría la respuesta a Campoamor, "¿cuál es ese color del cristal con que se mira?"
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1