Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
La alberca, o "reflecting pool", mide unos 620 metros de largo por 51 de ancho, y es uno de los puntos de referencia en una ciudad llena de estatuas
00:10 sábado 27 junio, 2026
Colaboradores
"Esto durará 50 años y nunca tendrá una filtración. Es muy fuerte. Si tuvieran un cuchillo, y no quiero dar ideas a nadie, no podrían cortarlo. Así de fuerte. "Así de poderoso", dijo el presidente Donald Trump el 4 de mayo pasado.
Trump se refería a la renovación del llamado "estanque reflector" que cubre parte del parque central de la capital estadounidense, entre los monumentos a Lincoln y el obelisco a Washington, y que seis semanas después está en el centro de un debate tan duro como absurdo y bien podría ser visto como una alegoría de lo que pasa ahora en Estados Unidos y los problemas del actual gobierno.
La alberca, o "reflecting pool", mide unos 620 metros de largo por 51 de ancho, y es uno de los puntos de referencia en una ciudad llena de estatuas, parques y edificios monumentales.
La renovación, de hecho, no es ni de cerca uno de los temas de mayor gravedad o más costosos que enfrenta un gobierno con un índice de aprobación decreciente y dramas que van de negociar el fin de una guerra sin sentido en el Golfo Pérsico, que sacudió a la economía mundial, a un brote inflacionario que bien podría costarle la pérdida de mayorías en las elecciones legislativas del próximo noviembre y una política de deportaciones masivas.
Pero la tragicomedia de la "alberca reflejante" se ha convertido en la imagen del gobierno Trump.
El mandatario, que presume saber de construcción y renovaciones inmobiliarias, decidió que el estanque construido en 1926 podría mejorar su apariencia si, como parte de una operación de limpieza, se pintara el fondo con el color "azul bandera", en el marco de los festejos por el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos.
Para ello otorgó un contrato de 14.7 millones de dólares a una compañía que dijo haber trabajado a satisfacción en sus propiedades, específicamente la residencia de Mar-a-Lago.
Pero la renovación se vio plagada pronto por la aparición de algas, que no solo cambiaron el color del agua, sino que, según testimonios, ofrecen ahora un desagradable olor y al parecer tuvieron impacto también en la nueva pintura del estanque, que comenzó a descascararse.
El gobierno Trump denunció prontamente que se trataba de sabotaje y de hecho ha reportado el arresto de cinco personas, incluso una que se había acercado en bicicleta a la piscina y tocado la pintura.
Pero la impresión es que más bien busca culpables para una renovación mal planeada y mal ejecutada en la que buscó beneficios económicos para sus amigos o seguidores.
Los partidarios de Trump aseguran con razón que otros presidentes trataron –y fracasaron– en el intento de reparar una alberca construida, como la ciudad misma, sobre un pantano. Pero los cada vez más numerosos críticos del mandatario creen que la importancia que Trump le dio al proyecto y sus problemas demuestran que está más preocupado por las apariencias que por la realidad.
Y que sus cambios son superficiales.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1