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Salinas Pliego no le preocupa al oficialismo porque pueda ganar; le ayuda como antagonista narrativo
00:10 miércoles 1 julio, 2026
Colaboradores
A veces el poder escoge rivales menos por miedo que por conveniencia. Los combate no porque amenacen con derrotarlo, sino porque le ayudan a definirse. Hoy, Ricardo Salinas Pliego desempeña ese papel. No es el enemigo que más teme el oficialismo, es el que mejor le acomoda: suficientemente visible para ordenar la conversación, suficientemente rico para encarnar los privilegios que la “4T” dice combatir, suficientemente estridente para irritar a la base y suficientemente cargado de desprestigio para no aglutinar mayorías. A la coalición gobernante no le preocupa que pueda ganar; le sirve como antagonista narrativo.
Su personaje es la némesis idónea del imaginario morenista: beneficiario de las privatizaciones neoliberales, dueño de una televisora crítica contra el gobierno, libertario que considera que los impuestos son un robo, macho alfa de las redes sociales, alineado con las nuevas derechas (Milei, Bukele, De la Espriella y, sobre todo, Trump). Los “gobiernícolas”, como él les dice, ni siquiera tienen que caricaturizarlo: su perfil es justo el que necesitan que sea.
La órbita oficialista ahora busca fijarle un nuevo apodo: “la perrita de Trump”. Es vulgar, sexista, degradante… y eficaz. Borra su autonomía, su trayectoria y sus contradicciones: su paso, por ejemplo, por el “consejo asesor empresarial” de López Obrador -quien lo llamaba “mi amigo” y elogiaba su “gran dimensión social”-. Mezclando la debilidad de la oposición mexicana y la amenaza de injerencia extranjera, lo reduce a mera mascota del intervencionismo estadounidense.
Salinas Pliego, sin embargo, es más fuerte como provocación que como vehículo. Puede encender nichos opositores radicalizados, al antiobradorismo más duro, pero prender entre convencidos no es volverse competitivo. Tiene negativos muy altos y un perfil tan marcado que difícilmente convocará más allá de sus adeptos o unificará a una oposición fragmentada. Una eventual candidatura sin partido y sin estructura territorial raramente sobrevive más allá del ruido mediático.
Con todo, lo que le resta viabilidad como candidato le suma como contrincante. Su vulnerabilidad no es un problema para el oficialismo; al contrario, es su mayor virtud. Es útil porque su hostilidad crea la escenificación perfecta de la épica “cuatrotera”: el pueblo contra los ricos, la nación contra los vendepatrias, la transformación contra el pasado. No lo inflan por accidente, lo administran como contraste. Precisamente por su falta de competitividad lo quieren presente, ruidoso, protagónico. Mientras más ocupe el espacio de la oposición, más fácil será desacreditarla.
Morena gobierna, pero para evitarse los costos electorales de gobernar sigue queriendo relatarse como insurgencia, volver a la comodidad moral del 2018. Y Salinas Pliego le ofrece eso: la ilusión de que el oficialismo está batallando con el “antiguo régimen”. Al final, no es un aspirante que amenace, es un rival que justifica.
AVISO. Esta columna se va de vacaciones. Nos reencontramos a fines de julio.
POR CARLOS BRAVO REGIDOR
COLABORADOR
@carlosbravoreg