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El caso estadounidense es complicado
00:10 miércoles 8 abril, 2026
Colaboradores
Esa es una pregunta que parece pertinente por los países involucrados: Irán, como país musulmán, pero de denominación chiita, ataca a otras naciones, presuntamente correligionarias pero aliadas de Estados Unidos, de la secta sunita, mayoritaria en el Islam. Israel, un país fundado para asegurar una patria judía, parece determinado a ampliar su zona de seguridad, tanto como pueda, y reclama en términos bíblico-históricos regiones que hoy pertenecen al Líbano o son habitadas por palestinos. Los judíos han denunciado persecuciones en países islámicos mientras la actual guerra, y su duración, están en el centro del debate público y político israelí.
Estados Unidos, por su parte, está en medio de un debate propio sobre el papel del cristianismo entre sus militares.
Irán es el país donde los chiitas son mayoría, al igual que en Irak y Líbano, y que está convencido de que el liderazgo islámico debe recaer en los descendientes de Ali ibn Abi Taib, yerno del Profeta Mahoma.
Los sunitas, que son alrededor de 90% de los musulmanes en el mundo, predominan sobre todo en los países árabes; incluso Arabia Saudita y otras naciones del Golfo, creen que se trata de seguir más bien las enseñanzas del profeta y que sus imames son más bien comunitarios...
Otra diferencia aparente está en el poder político: los imames son líderes de oración y comunitarios entre los sunitas, en tanto que los ayatolas chiitas son figuras religiosas y legales que dominan las estructuras de poder en Irán.
Igualmente, algunos gobiernos árabe-sunitas parecen actualmente abiertos a la posibilidad de convivir con Israel; el gobierno iraní apoya a los grupos palestinos Hamas y Hezbolá, que Israel ve como "terroristas".
El caso estadounidense es complicado. Por un lado, los judíos estadounidenses son un grupo políticamente influyente; los cristianos conservadores estadounidenses creen que el papel bíblico de su país es proteger al estado de Israel porque su existencia es indispensable para la segunda llegada del Mesías, y en alguna medida los hace más sionistas que muchos judíos.
Más allá, la retórica y el lenguaje usados por el gobierno del presidente Donald Trump, y especialmente por el secretario de Guerra, Peter Hehgseth, habla literalmente de una "guerra santa" moderna.
Hegseth es seguidor de una rama ultraconservadora del calvinismo, que promueve una mezcla de nacionalismo cristiano y políticas de defensa. Como secretario de Guerra, ha promovido servicios religiosos para denominaciones cristianas en el Pentágono, marginado a católicos y desarrollado políticas que de hecho respaldan posturas patriarcales y frenado la promoción de militares negros o del sexo femenino.
Es de anotar que las autoridades católicas han hecho llamados por la paz y señalado que la guerra con Irán "no es justa". Ciertamente es difícil determinar el impacto de la religión en el conflicto actual en el Golfo Pérsico, pero es un factor que no puede ser ignorado.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE