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El partido azul sostiene que 2027 puede favorecerle porque, sin AMLO como imán electoral, el voto pesará más por candidaturas que por siglas
00:10 sábado 21 febrero, 2026
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El PAN ya sacó la calculadora rumbo a las elecciones 2027 y, al menos en su diagnóstico interno, la operación es simple: recuperar alcaldías en la CDMX, retener Chihuahua, Querétaro y Aguascalientes, y romper la hegemonía de Morena en la Cámara de Diputados.
En el papel suena ordenado; en la realidad, es una apuesta contra el desgaste del poder… y contra sus propios fantasmas.
Los panistas creen que las elecciones intermedias les favorecen por historia y tendencia. Y hoy suman un argumento que repiten con sonrisa contenida: Andrés Manuel López Obrador ya no estará ni en la boleta ni en los spots para apuntalar a Morena como amuleto electoral.
El razonamiento es claro: sin esa figura omnipresente, la contienda se vuelve más terrenal y más cruel. Gana quien tenga candidato y narrativa, no quien presuma “marca” eterna.
Esa idea, además, se cruza con un cálculo político: que la ciudadanía se incline más por personas que por siglas, en un entorno donde a Morena le pesan acusaciones de corrupción, señalamientos de “narcogobiernos”, intrigas internas y traiciones que, aunque se maquillen, dejan un muy mal olor.
Para Acción Nacional, éste sería el peor momento del movimiento que nació con el expresidente tabasqueño. Y ahí es donde los azules pretenden meter la cuña: en la fatiga y en la decepción. Pero el discurso panista no se vende completo sin un acto de contrición.
Reconocen que perdieron -incluida la Presidencia- por errores propios: se atrincheraron, le cerraron la puerta a la ciudadanía, perdieron el pulso de la calle y construyeron campañas más obsesionadas con decir “no votes por Morena” que con explicar “por qué votar por nosotros”. También admiten el costo de haberse aliado con el PRI de Alejandro Moreno Cárdenas. La etiqueta del “PRIAN” les pegó donde más duele: credibilidad.
Por eso aseguran que el cambio de imagen que presentó Jorge Romero no es cosmético, sino un giro estratégico. Su bandera: abrir candidaturas a la ciudadanía, permitir que cualquier persona -cumpliendo requisitos- compita con las siglas blanquiazules. Un PAN “menos club, más plataforma”.
Con ese telón de fondo, el partido que encabezan Luisa Gutiérrez en la capital, cree que la caída en la popularidad de Clara Brugada abre una ventana para retener Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Cuajimalpa y Coyoacán, y pelear por Magdalena Contreras, Tlalpan, Azcapotzalco y Álvaro Obregón, además de sumar curules en el Congreso local para hacer un boquete a Morena y sus aliados.
¿Meta ambiciosa? Sí. ¿Imposible? No necesariamente. Pero hay una moraleja electoral que el PAN conoce y a veces olvida: no basta con esperar que el rival se desgaste; hay que demostrar que ya aprendió a gobernar sin soberbia y a competir sin muletas. Y en 2027, la única propaganda que vale es la que se ve en resultados.
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HABLANDO DE DESAFÍOS, conciliar intereses internos, de cara al debate sobre la reforma electoral, es el verdadero reto de Morena, que comanda Luisa María Alcalde, y la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
El coordinador del partido guinda en el Senado de la República, Ignacio Mier, y el líder de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, mantienen posturas totalmente opuestas sobre si deben considerar a sus aliados -PT y PVEM- en la votación y eventual aprobación del proyecto de reforma que se presentará el próximo martes.
El senador poblano ya dijo que los morenistas no necesitan “vejigas para nadar”, mientras que el diputado zacatecano plantea que no pueden dejarlos fuera y los defiende. Parece jugar del otro lado: con la competencia, no con los de casa.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El problema de Morena no es sumar aliados; es restar ambiciones”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ