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La ONU y sus organismos sufren de burocratismo y del rejuego político de sus miembros, llevado a la composición de sus juntas directivas
00:01 sábado 24 enero, 2026
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En medio de la tormentosa presidencia de Donald Trump en Estados Unidos, surge algo entre duda y preocupación: ¿trata de crear una institución que desplace a las Naciones Unidas? Trump presentó el jueves en Davos (Suiza), formalmente, su tan anunciada "Junta de la Paz". Originalmente planteada como un organismo para la reconstrucción del territorio de Gaza devastado por la guerra con Israel, su propósito es ahora promover la estabilidad, la paz y la gobernanza en zonas "afectadas o amenazadas" por conflictos en todo el mundo, con el propio Trump como figura central, única autoridad y una membresía permanente que cuesta un mil millones de dólares. Según The New York Times, Trump "tiene el poder de vetar decisiones, aprobar la agenda, invitar a los miembros, disolver la junta por completo y designar a su propio sucesor". Más aún, presidirá el grupo por tiempo indefinido, posiblemente más allá de su segundo mandato presidencial, y la "Junta Ejecutiva fundadora" incluye a su yerno, Jared Kushner, al secretario de Estado Marco Rubio, al enviado especial para Medio Oriente, Steve Witkoff y al exprimer ministro británico Tony Blair. La lista de países invitados a participar es amplia, pero de unos 35 esperados en el evento de anuncio, solo se reportó la asistencia de una veintena. Se cree que Rusia, Arabia Saudita, Bielorrusia, Hungría, habrían aceptado ya e incluso serían parte de la Junta, pero a diferencia de otras iniciativas estadounidenses, esta no parece despertar el interés de sus aliados tradicionales.
Después de todo, hace menos de 72 horas Trump y sus aliados europeos parecían a punto de una ruptura sin precedentes, no solo en términos comerciales, sino incluso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), su alianza militar.
Pero al mismo tiempo se trata de una convocatoria del hegemón. Ciertamente es correcto hablar de los problemas y defectos de las Naciones Unidas, pero también señalar que la inmensa mayoría de ellos tienen raíz en las políticas y acciones de sus miembros. La ONU y sus organismos sufren de burocratismo y del rejuego político de sus miembros, llevado a la composición de sus juntas directivas y aun sus grupos de trabajo. Así el Consejo de Seguridad, el máximo organismo, tiene quince miembros, pero solo cinco permanentes: las naciones vencedoras de la II Guerra Mundial, con derecho de veto sobre acciones y señalamientos del organismo. En otras palabras, pueden detener o evitar una actitud proactiva de la ONU. Entre 1945 y 2020, según estadística de la ONU, hubo 327 vetos: Rusia (antes Unión Soviética) emitió 161, Estados Unidos 95, Gran Bretaña 32, China 21 y Francia 18. Pero es lo que hay, y quién sabe si un proyecto como la personalizada "Junta por la Paz" ofrecerá algo mejor. POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE