Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Mis amigos autores no estarán de acuerdo con lo que voy a decir, pero es posible que México sea el ejemplo más acabado de mala relación calidad-precio
00:00 domingo 21 junio, 2026
Colaboradores
Cabe suponer que Francisco Javier González, conocidamente dedicado al periodismo, y Alejandro Rosas, no menos conocidamente dedicado a la historia, tuvieron que hacer un esfuerzo de distanciamiento emocional para escribir “México épico”, 30 historias del deporte mexa a las que sí, les viene bien el subtítulo de “Dolores, glorias y hazañas de nuestras leyendas deportivas”, porque de todo eso hay en el libro, pero, es sabido, son los dolores los que más calan, y de esos hay una buena cantidad. Digo lo del esfuerzo de contención porque el libro está contado con mucha gracia o, mejor, con una propiedad todavía más difícil de encontrar, que es el encanto, y escribir con encanto de estos asuntos exige, como el boxeo, un manejo impecable de la distancia: ni tan cerca que queme con el fuego del melodrama, ni tan lejos que resulte frío. Lo consiguieron. Mis amigos autores no estarán de acuerdo con lo que voy a decir, pero es posible que México sea el ejemplo más acabado de mala relación calidad-precio en el deporte. Vean nuestra historia olímpica. Somos, desde hace varios años, una de las economías fuertes del mundo, siempre entre las primeras 15 –Morena todavía no logra hacernos caer hasta el fondo de este ranking, aunque ahí vamos–, pero en el medallero histórico tenemos el poco honroso lugar 42, lejos de estados fallidos como Cuba o de economías tan sarteneadas como las de Kenia o Jamaica. De los mundiales mejor ni hablar. Jugamos futbol desde fines del XIX, tenemos infraestructura, una liga que paga con generosidad y tres mundiales en nuestro haber, pero eso no da ni para el famoso quinto partido, no desde hace una eternidad. Con todo, no le han faltado a esta tierra herida los triunfadores de escala planetaria, y aquí están todos, con sus historias minuciosa, gozosamente contadas: Hugo, nuestro pentapichichi; Soraya Jiménez, inesperadísima medallista de oro en pesas; Belem Guerrero, otra medallista olímpica, en ciclismo; Fernando Valenzuela, estrella de los Dodgers al que hasta los aficionados a los Yankees rendimos tributo, o su majestad, Julio César Chávez.
Pero los señores González y Rosas saben de crónica deportiva. Saben que las historias de auge y caída, sobre todo cuando la caída está llena de talento y ganas, son las que más gustan a los buenos escritores, como nos enseña el gran periodismo gringo. Por eso, cuentan estupendamente esa derrota contra Alemania en el 86, la muerte tan prematura del virtuoso Salvador Sánchez, la lucha contra las adicciones de Joaquín Capilla, padre fundador de nuestro éxito para los clavados, o la derrota in extremis de la selección femenil de fut en el Mundial del 71, en una final que las chicas jugaron, institucionalmente, en el abandono. Libro muy recomendable, siempre y particularmente ahora, en días mundialistas. POR JULIO PATÁN