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La presidenta Sheinbaum y su equipo leyeron la operación en Venezuela como un movimiento con verdades a medias: un “arresto” con lenguaje de tutela
00:01 viernes 9 enero, 2026
Colaboradores
Nada bien cayó en Palacio Nacional el mensaje que emitió Andrés Manuel López Obrador en torno al arresto de Nicolás Maduro y la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Tan mal, que el Gobierno de México ajustó en un solo día el tono con el que habló del conflicto, porque en la lectura interna hay “gato encerrado” en el asalto a Caracas.
No incomodó tanto el contenido como la reaparición del de Macuspana. En la Presidencia vieron el gesto como una señal de debilidad que no existe y, peor aún, como un ruido capaz de entorpecer negociaciones sensibles.
Claudia Sheinbaum, dicen, no necesita que AMLO saque la cara por ella: su relación con Washington —y, sobre todo, con Donald Trump— se conduce con una lógica estratégica que sólo su círculo cercano calibra.
Y es que después de conocerse la Operación “Resolución Absoluta” y la captura de Maduro, la Secretaría de Relaciones Exteriores, que encabeza en este momento Roberto Velasco, se fue a lo doctrinario: respeto al derecho internacional, a la Carta de la ONU y cese de cualquier agresión contra el gobierno y el pueblo venezolano.
Más tarde, la mandataria matizó: condenó la intervención militar, pero subrayó que la cooperación México-Estados Unidos en seguridad es “muy buena” y que “hay comunicación y entendimiento”.
Era, también, respuesta al golpe retórico de Trump: “los cárteles están controlando México… algo va a tener que hacerse con México”.
El giro de nuestro gobierno no fue gratuito. Los detalles del operativo, el traslado de un Nicolás Maduro sonriente y relajado a Nueva York y el descaro con el que Trump habló de “administrar” Venezuela y reordenar su petróleo, encendieron focos rojos en México.
Si el argumento era “arresto”, ¿por qué el lenguaje de tutela? Si era “transición”, ¿por qué el tono de botín?
En ese contexto, la Presidenta de México y su equipo concluyeron que los protagonistas nos han vendido verdades a medias.
Trump presumió contactos de Marco Rubio con la vicepresidenta Delcy Rodríguez para “iniciar” el proceso político; y el Tribunal Supremo venezolano terminó ordenando que Rodríguez asumiera como presidenta interina.
La escena dejó la sensación de un acuerdo opaco: fuerza militar envuelta en legalismos y una transición administrada desde fuera.
De ahí que México matizara, que el mensaje de AMLO estorbara y que varios gobernadores de Morena “descafeinaran” su mensaje de apoyo.
Ahora, la apuesta de Claudia Sheinbaum será blindar la soberanía discursiva: empujar una postura regional, apelando a la Doctrina Estrada —no intervención y autodeterminación— sin creerse del todo el guion petrolero de Washington.
En tiempos de propaganda, la neutralidad no es silencio: es precisión. Y hoy la precisión empieza por desconfiar cuando el imperio dice “orden” y en realidad quiere control.
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TODO INDICA que a Andrés Manuel López Obrador le preocupa más lo que le ocurra a Nicolás Maduro que el sufrimiento de las familias que perdieron a un ser querido tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico, el pasado 28 de diciembre.
El accidente en Oaxaca no mereció un solo comentario, pese a que la ruta ferroviaria en cuestión fue uno de los caprichos de su sexenio y en el que estuvo involucrado su hijo, Gonzalo López Beltrán.
La muerte de 14 personas y las decenas de heridos —un hecho concreto y tristísimo— no bastaron para que AMLO abandonara su “retiro de la política”, como sí lo hizo con el asalto a Caracas, hoy envuelto en sospechas.
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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “El retiro es selectivo: se activa sólo cuando conviene”.
POR ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO
ALFREDO.GONZALEZ@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ