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Así, algo que pareciera impensable para algunos, termina siendo parte de una normativa o un derecho reconocido por un Estado
00:01 miércoles 12 agosto, 2026
Colaboradores
A diario leemos en los medios de comunicación noticias que describen hechos sociales que al momento a algunos les pueden parecer insólitos, surrealistas o incluso “inmorales”; pero al pasar de los años, por más absurdos o radicales que sean, algunas se transforman en una política pública o incluso de alguna ley.
Así, algo que pareciera impensable para algunos, termina siendo parte de una normativa o un derecho reconocido por un Estado; lo que hoy parece una herejía institucional, mañana puede ser un mandato constitucional.
Una manera para entender este fenómeno es recurriendo a un concepto acuñado en los años noventa por Joseph Overton conocido como la “Ventana de Overton”.
La “Ventana de Overton” describe el estrecho margen de lo que los electores consideran “aceptable” en un clima político determinado, sin puntualizar lo que es correcto o incorrecto. Un legislador no propone ideas basándose únicamente en sus convicciones dogmáticas, sino que elige aquellas que caben dentro de esta ventana. Si propone algo fuera de ella, será tachado de extremista y perderá su capital político.
Ejercer verdaderamente el poder no significa acomodarse a legislar lo que aprueba la opinión pública y se encuentra dentro de la ventana, sino movilizar el discurso y las instituciones para expandir esos horizontes. Al desplazar estos límites de la ventana, aquellos conceptos que parecían radicales terminan por dirigir el rumbo del Estado.
Este desplazamiento no obedece al azar, sino a una progresión calculada en seis fases: 1) Lo Impensable: El tabú absoluto. La idea desafía la ortodoxia imperante y enunciarla en público supone el suicidio político; 2) Lo Radical: La ruptura del silencio. Voces disruptivas introducen el tema. Aunque la mayoría y la academia lo rechazan, el debate ha comenzado, así sea solo para condenarlo; 3) Lo Aceptable: La normalización. La propuesta ingresa a los medios y pierde el estigma extremista para integrarse al debate público como una postura válida más; 4) Lo Sensato: La racionalización. A través de un rediseño discursivo, la iniciativa se despoja de su radicalidad y se presenta al ciudadano como una solución lógica e indispensable; 5) Lo Popular: El consenso. La idea conquista las encuestas. La clase política asume que rechazarla conlleva un alto costo electoral, mientras que apoyarla asegura capital político inmediato, y; 6) La Política Pública: La institucionalización. La ventana se consolida en su nuevo eje. La propuesta llega al Congreso o a los tribunales y lo que ayer era una aberración, hoy es ley vigente.
Tomemos como ejemplo el debate sobre la eutanasia y la muerte médicamente asistida en México, pues el desplazamiento del derecho a una muerte digna en nuestro país ilustra cómo una idea transita del Código Penal a los derechos fundamentales. En lugar de un solo salto abrupto, el Estado mexicano ha movido la ventana mediante una apertura gradual de la política pública.
A través del modelo conocido como la “Ventana de Overton”, podemos inquirir cómo la interrupción de la vida pasó de ser un tabú anclado en el Código Penal a convertirse en la frontera más vibrante del litigio de los derechos fundamentales en seis actos:
1. El silencio de lo impensable. Durante gran parte del siglo XX, bajo un contexto de profundo conservadurismo, cualquier interrupción médica de la vida o rechazo al tratamiento se equiparaba unívocamente al homicidio o al suicidio. Sugerir lo contrario era un absoluto tabú moral y jurídico; una idea exiliada de nuestro andamiaje legal;
2. El atrevimiento de lo radical. Hacia finales de los años noventa, la inmovilidad se fractura. La academia y los comités de bioética introducen un concepto clave al debate nacional: el “encarnizamiento terapéutico”. Denunciar la prolongación artificial y dolorosa de la agonía rompió el silencio institucional, aunque proponer una salida legal aún se descalificaba como un extremismo inaceptable;
3. El tránsito hacia lo aceptable. El verdadero giro discursivo llegó en 2008, cuando la Ciudad de México aprobó la Ley de Voluntad Anticipada. En un movimiento legislativo clave, no se legalizó la eutanasia activa, sino la ortotanasia -el derecho a rechazar tratamientos fútiles-. Planificar el final de la vida dejó de ser un crimen para entrar, por la puerta grande, a la agenda pública;
4. El peso de lo sensato. El catalizador definitivo fue la reforma constitucional en derechos humanos de 2011. Con la Suprema Corte consolidando el principio del “libre desarrollo de la personalidad”, el debate cambió de eje. La lógica jurídica impuso una conclusión insoslayable: si el Estado garantiza la autonomía ciudadana para forjar un proyecto de vida, resulta contradictorio e inhumano imponer el sufrimiento prolongado en su etapa terminal;
5. El respaldo de lo popular. Hoy, la empatía ciudadana ha superado al dogma. La opinión pública, particularmente en los centros urbanos, respalda mayoritariamente la legalización de la eutanasia activa. Abanderar esta causa ha dejado de ser un riesgo electoral, lo que motiva a legisladores de diversas fracciones partidistas a presentar formalmente iniciativas de reforma.
6. El umbral de la política pública. Este es el escenario actual. Mientras la voluntad anticipada completó su ciclo y es ley en la mayoría de los estados, la eutanasia activa se encuentra en la última fase de la ventana. Hoy es el epicentro del litigio estratégico -frecuentemente a través del juicio de amparo-, a la espera de que el Congreso de la Unión o un precedente definitivo en la Suprema Corte den el impulso final para convertirla en derecho positivo.
Entender la “Ventana de Overton” es aceptar que el derecho y la política son constructos vivos, vulnerables a la persuasión y a las mayorías. La próxima vez que escuche una propuesta escandalosa en el debate nacional, no la descarte de inmediato como un exabrupto. Podría estar presenciando, en tiempo real, el primer empujón a la ventana.
Por Juan Luis González Alcántara Carrancá