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La actual atmósfera de crisis en la relación bilateral, con la demanda estadounidense de extradición contra Rubén Rocha
00:10 domingo 17 mayo, 2026
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Más y más, parece evidente el cambio de tono en una relación tan complicada y tan importante que había consagrado dos principios: estar de acuerdo en estar en desacuerdo y aislar los problemas para evitar la "contaminación" de los vínculos más amplios, derivados de la vecindad y la integración socioeconómica. La actual atmósfera de crisis en la relación bilateral, con la demanda estadounidense de extradición contra Rubén Rocha, el prominente gobernador de Sinaloa ahora con permiso y nueve de sus colaboradores por presuntos vínculos con el narcotráfico, es la contradictoria demostración y consecuencia de que su relación es "interméstica": internacional con impacto doméstico. Y eso es un problema grave. Porque tal vez ninguna relación en el mundo es tan "interméstica" como la de México y Estados Unidos. Los fuegos artificiales en torno a la relación gubernamental entre Estados Unidos y México, son en mucho resultado del ascenso en los dos países de grupos con ideas políticas autoritarias, llenas de viejos miedos y paranoias, que ven la interacción con el otro como un juego de política doméstica y la negociación como un ejercicio de blancos o negros, pero no de grises. La decisión de "revisar" los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos es y no es parte de ese patrón. Por un lado, parecería la llegada del juego de represalias a la política bilateral, luego de la reacción del gobierno mexicano ante la presuntamente "sorpresiva" actuación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense en apoyo de la destrucción de narcolaboratorios clandestinos en Chihuahua, "descubierta" por la muerte de dos agentes. La evidente renuencia a aceptar la extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, y los otros acusados sigue, infortunadamente, a narrativas favorables al gobierno estadounidense, esa que pinta al gobierno mexicano como temeroso, si no dominado, por los narcotraficantes. Algunos se preocupan de que sea un aviso de lo que viene. El gobierno mexicano, enfocado en cuidar de su imagen y sus necesidades internas, y en tratar de ampliar y profundizar el dominio de su partido, pareció olvidarse del impacto externo de sus medidas y, sobre todo, del rejuego político de su vecino. Muchos partidarios del presidente Donald Trump son creyentes de las teorías de la conspiración, y una de las más viejas, la de que el gobierno mexicano promueve la migración para la "reconquista" de los territorios perdidos después de la guerra de 1848, fue revitalizada a fines de marzo por un libro, "The Invisible Coup", que "denunció" a los consulados mexicanos en Estados Unidos de tratar de influir en la política estadounidense y "avanzar" la agenda nacional de su gobierno. Pero puede alegarse tranquilamente que las decisiones de uno tienen impacto en el otro y que la seguridad es una tarea común. Esa es simultáneamente la gloria y la tragedia de la relación interméstica, determinada menos por los gobiernos que por la geopolítica y sus respectivas sociedades, economía y cultura. El actual cambio de tono y formas no ayuda a ninguno de los dos, aunque por tamaños relativos México resulte el más afectado. POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS COLABORADOR JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM @CARRENOJOSE