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#ESNOTICIA
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La sugerencia es puramente política. Nada tiene que ver con ideología, simpatías o antipatías
00:10 miércoles 1 julio, 2026
Colaboradores
La revelación del diario The New York Times de que al menos 10 funcionarios mexicanos habrían hecho contacto con la Agencia Antidrogas (DEA) estadounidense para discutir el intercambio de información sobre otros políticos dramatiza la posición de la presidenta Claudia Sheinbaum como vocera única y solitaria de su gobierno y, aparentemente al menos, de su partido.
Pero tal vez sea el tiempo de sugerir que, como táctica política, comience a espaciar sus intervenciones públicas y use un portavoz para abordar los temas más contenciosos o políticamente delicados.
En México, la palabra de la presidenta tiene un enorme peso, no hay instancias superiores y, dada la estructura del gobierno mexicano, eso implica que sus palabras se convierten en política de Estado y que no hay marcha atrás. Y eso limita sus posibilidades de negociación.
Por eso sería necesario que la presidenta de México comience a usar portavoces, a los que se pueda interpelar, cuestionar y que puedan exagerar, contradecirse o mentir y desdecirse sin que eso ponga en entredicho la voz de la jefe del Estado, su credibilidad o la postura del gobierno de México.
En otras palabras, ampliar su espacio de maniobra.
El tema es simple. Desde que asumió la presidencia y adoptó la conferencia de prensa mañanera como eje de sus comunicaciones, la dinámica de preguntas y respuestas sobre temas del día la ha llevado no solo a verse en polémicas políticas o incluso personales contra adversarios de menor jerarquía o más o menos genéricos –"Departamento de Justicia", "extrema derecha"– que en algunos casos se benefician de ser convertidos en interlocutores, sino a responder ella, personalmente y de cara al mundo, los cuestionamientos respecto a lo que hacen o hicieron sus correligionarios.
Pero al atacar o rebatir directamente a otros, en especial críticos domésticos, sus palabras pueden resonar como amenazas desde el Estado.
La sugerencia es puramente política. Nada tiene que ver con ideología, simpatías o antipatías. Tiene que ver con la posibilidad de ampliar sus márgenes de acción, de retroceder o adelantar sin ponerse al frente y limitar o comprometer sus posibilidades. Sobre todo en momentos en que debe enfrentar un entorno tan volátil, sea en la bizantina política doméstica de un país tan polarizado como el México actual o en la complicada relación con Estados Unidos. A final de cuentas, es presidenta de México, no sólo de Morena.
Ciertamente no es una decisión fácil, toda vez que las intervenciones presidenciales son una herramienta de primera importancia en la formulación de políticas.
Pero la mandataria obtendría mayor libertad de maniobra para adoptar posiciones definitivas con mejor perspectiva política.
Porque el hecho es que el flujo de reportajes en la prensa internacional y los frecuentes informes sobre problemas y hechos delincuenciales reales ponen a Sheinbaum en una constante postura reactiva y expuesta a todos los problemas involuntarios de quienes hablan al menos dos horas diarias y deben responder a todo.
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1