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Ciertamente es legítimo: él mismo es parte de esos gobiernos, y debe tratar de realzar su perfil y el de la Cancillería
00:10 martes 29 septiembre, 2026
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El discurso que el secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, pronunció el viernes ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue tan notable por sus omisiones como por la reiteración de una política exterior que a veces quiere comprometerse y a veces se queda en las gradas.
Hubo francamente partes loables y, abiertamente, temas que solo se mencionaron con señalamientos indirectos, aunque muchos en México hubieran deseado respuestas más sólidas respecto a los Estados Unidos y, por cierto, casos como la invasión rusa de Ucrania o la situación del Golfo Pérsico.
Mencionó entonces el respaldo mexicano a la solución de las dos naciones en Palestina, y reiteró la solidaridad con Cuba.
Pero se quedó en la raya: ciertamente subrayó su fe en las Naciones Unidas y apoyo a las reformas propuestas, en un momento cuando la organización atraviesa una profunda crisis, pero no mencionó a Estados Unidos, ni a Rusia, o ninguna otra potencia, aunque son los poderes el principal obstáculo a la mayor eficiencia de la ONU y factores mayores de problema en el mundo.
El discurso, tan bueno o tan malo como se quiera, fue pronunciado el viernes por la tarde, ante un auditorio semivacío porque, luego de casi tres días de disertaciones presidenciales, ya las intervenciones de meros ministros o secretarios de Relaciones Exteriores son un tema menor.
Velasco no olvidó la política doméstica y pronunció un literal canto de alabanzas a los gobiernos de 4T, en la cual presumió logros que son triunfos parciales, y reclamó para México un lugar destacado por el progreso en seguridad, antes de una alusión indirecta: "Es un país que puede cooperar de cerca y respetuosamente con sus socios y al mismo tiempo mantener totalmente su soberanía".
Eso, y la mención a la protección de mexicanos en el exterior, fue lo más cerca que estuvo de responder a los señalamientos que hizo el martes el presidente Donald Trump.
Ciertamente es legítimo: él mismo es parte de esos gobiernos, y debe tratar de realzar su perfil y el de la Cancillería en un gobierno que a veces parece relegarla a la mesa de los niños, en aras de intereses nacionales vinculados con la relación con Estados Unidos.
En lo positivo, reiteró también que la política exterior mexicana está basada en principios normativos constitucionales que trascienden gobiernos o circunstancias internacionales: autodeterminación, no interferencia, arreglo pacífico de disputas, prohibición del uso de la fuerza e igualdad entre naciones.
"México tiene una posición firme: que la ley internacional debe prevalecer sobre la fuerza, que las poblaciones civiles deben ser protegidas, que la integridad territorial de las naciones debe ser respetada y que todas las disputas deben ser resueltas mediante el diálogo, las negociaciones y la paz", dijo.
En todo caso, como anotó el propio Velasco, "los resultados hablan por sí mismos".
POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
COLABORADOR
@CARRENOJOSE1