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Claro, no se puede ser víctima y gobierno al mismo tiempo, cosa que confunde a los izquierdistas todo el tiempo
00:01 miércoles 11 marzo, 2026
Colaboradores
Para sorpresa de todos, o de casi todos, la presidenta decidió festejar con las Fuerzas Armadas el día de la mujeres. Sorprende porque se trata de una mujer crecida en la izquierda mexicana. A diferencia de la mayoría de los cuadros destacados (es un decir) de Morena, la presidenta no proviene del PRI sino de la lucha de la izquierda mexicana. Desde pequeña estuvo rodeada de ese ambiente tanto político como académico. De joven estudiante militó en los movimientos universitarios más significativos y ha sido integrante de los partidos ideológicamente vinculados a esas causas.
Por supuesto se entiende que no es lo mismo estar mentando madres en la plaza que gobernar un país tan complejo como el nuestro y en una circunstancia internacional verdaderamente complicada. Actuar como si fuera una militante más de nada serviría -el resultado de un gobierno guiado por consignas y necedades militantes es lo que dejó López Obrador-. La responsabilidad de la institución presidencial representa demasiado como para dejarla extraviada en arengas y gritos. Sin embargo, con toda legitimidad es correcto y pertinente que le dé un sello propio a mucho de lo que hace. Siendo la primera presidenta parece que el 8M la apanica y reacciona como si de una agresión personal se tratara. Claro, no se puede ser víctima y gobierno al mismo tiempo, cosa que confunde a los izquierdistas todo el tiempo. Las manifestaciones son contra la autoridad independientemente de los colores de quien esté a cargo de la presidencia. Las mujeres tienen su propio color: el morado y no es de ningún partido.
Claro que no debe ser fácil decidir algún evento para Sheinbaum en ese preciso día y esta columna no está para dar consejos a Palacio Nacional. Pero ir a festejar con las Fuerzas Armadas, que en todo el mundo son conocidas por su ambiente de abuso generalizado, parece un poco fuera de lugar. Digo, tener paradas bajo el sol a mujeres en formación militar para que la presidenta les diga que son ejemplares no parece muy sororo; aparecer flanqueada por el General y el Almirante tampoco se puede interpretar como un homenaje o un abrazo a las mujeres en su día. Todo esto sin que sea la intención restar un solo mérito a las mujeres que han optado por la carrera militar. Celebrarlas se pudo hacer de maneras diferentes y no en un evento de obediencia a los superiores. Y decían que el gobierno de Calderón era militarista.
Me parece que parte del problema radica en lo comentado unas líneas arriba: en el gobierno no acaban de comprender su papel de autoridad. Extrañan gritar demandas en las calles, agredir a los policías, insultar a los militares, mentarle la madre a la clase gobernante, corear consignas, y exigir que comparezcan los responsables de lo que sea necesario. Lamentablemente para ellos y para parte de nosotros, están en el gobierno y no pueden adjudicarse el papel de víctimas, al contrario, son ellos los que generan la victimización de los demás con su ejercicio de gobierno. Es comprensible el deseo gubernamental de que en vez de tener la imagen de las mujeres gritando ¡justicia! en el Zócalo con sus pañoletas moradas, sus bombas de humo de colores y sus leyendas pintadas con espray, tener contingentes de mujeres formadas y en firmes dándole un saludo militar a la presidenta. En lo que acabó la izquierda.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
COLABORADOR
@JUANIZAVALA