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Hay a quienes la decencia pública no les significa nada
00:10 jueves 20 agosto, 2026
Colaboradores
Hay quienes no conocen del decoro ni el pudor. Hay a quienes la decencia pública no les significa nada. Son los mismos que creen que las decisiones tomadas en la esfera de sus responsabilidades no les pasarán factura y la memoria colectiva no les alcanzará.
Mónica Soto, magistrada presidenta del Tribunal Electoral, es una de ellas. Su paso por la Sala Superior del Tribunal marcó las horas más oscuras del Tribunal y la democracia en México, en décadas. Validó abusos, consintió excesos y fue cómplice del desmantelamiento institucional del país.
El pasado lunes hizo pública su renuncia, que será efectiva a partir del 31 de agosto. Su salida es una buena noticia. Su presidencia y ella misma están manchadas por la deshonra. Su paso por el TEPJF fue deshonroso.
Se hizo de la presidencia de la Sala Superior, dándole un golpe de Estado a otro magistrado. Y llegó a la posición para terminar de acomodarse con el poder. Olvidó su función, sacó los pompones y se volvió porrista.
Ella y el Tribunal que encabezó regalaron a Morena en el Congreso una mayoría que no obtuvieron en las urnas. Les dieron un cheque en blanco para cambiar a contentillo la Constitución por la vía de la sobrerrepresentación. Soto y los suyos le abrieron la puerta al desmantelamiento de la República y la extinción de la separación de poderes.
Ella y el Tribunal, validaron el fraude de la elección judicial, donde la trampa fue norma. No solo no sancionaron, consintieron los acordeones y premiaron a los tramposos que se convirtieron en ministros, magistrados y jueces. Renunciaron a ser árbitro y se volvieron jugador.
Ella y el Tribunal permitieron que ciudadanos fueran agredidos por los partidos políticos sin consecuencia. Dio su consentimiento para que Morena golpeara en tiempos oficiales al empresario Ricardo Salinas Pliego, cuando no es funcionario público ni pertenece a partido político alguno, por el simple hecho de manifestar opiniones propias.
Su adiós es buena noticia. Solo la extrañarán quienes la llevaron a donde está, a quienes sirvió y tanto apapachó con sus buenos oficios. La democracia, la división de poder y el sistema de contrapesos, no la echarán de menos.
-Off the record
Es tan poco su respeto por la ley que un día juró aplicar, que su renuncia no se acompaña de la causa “grave” que mandata la Constitución. También ahí hizo trampa.
Por Manuel López San Martín