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Más que un protocolo: un nuevo pacto universitario
00:01 jueves 5 marzo, 2026
Colaboradores
Sin duda algo está cambiando cuando una institución decide sentarse, escuchar y sistematizar lo que antes solo se gritaba en los pasillos. La Universidad Autónoma de San Luis Potosí acaba de cerrar una etapa clave en la revisión participativa de su protocolo contra la violencia de género, y más allá del procedimiento administrativo, lo relevante es el mensaje: la comunidad universitaria quiere reglas claras, procesos confiables y cero tolerancia a la violencia.
No fue un ejercicio menor. Veintidós foros, 191 horas de diálogo, más de mil 600 participantes y 172 moderadoras y relatoras hablan de una consulta amplia y estructurada. El proceso inició tras los hechos registrados en octubre en la Facultad de Derecho, que detonaron exigencias estudiantiles en materia de seguridad, transparencia y profesionalización docente. Lo que pudo haber quedado en crisis se convirtió en oportunidad, y la institución optó por abrir la conversación y ordenar las propuestas.
Hay algo que no siempre se dice en estos procesos: revisar un protocolo no es solo ajustar párrafos, es revisar y replantear la cultura institucional. ¿Quién gana con esta actualización? Gana la certeza jurídica para estudiantes y docentes, gana la credibilidad interna, y por supuesto gana la prevención. También hay un aprendizaje implícito: cuando las demandas se atienden con mecanismos formales y tiempos definidos, la tensión se transforma en construcción colectiva.
La Defensoría y el Comité Institucional ahora tienen la tarea de convertir esa escucha en un documento sólido que será revisado por el Consejo Directivo Universitario. Ahí está el siguiente desafío positivo: que el nuevo protocolo no solo sea técnicamente correcto, sino aplicable, medible y acompañado de capacitación constante. Porque un buen texto sin implementación efectiva se queda en intención.
Marzo suele ser mes de discursos, pero aquí hay algo más tangible: un proceso documentado, participativo y con ruta clara. La universidad tiene ante sí la posibilidad de consolidar un modelo que no solo responda a coyunturas, sino que marque un estándar interno de convivencia y respeto. Si la escucha ya ocurrió, ahora toca demostrar que también puede convertirse en acción sostenida.