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Detrás de esa titánica aventura van —citando el live que hizo el físico Javier Santaolalla— Copérnico, Galileo, Marie Curie
00:10 viernes 3 abril, 2026
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Artemisa es la diosa de la caza y la naturaleza; de la virginidad y la Luna. Gemela de Apolo —aquel nombre icónico de finales de los 60s en el rubro astronómico—. Es hoy también el nombre del programa espacial Artemis de la NASA. No quiero pasar por esta columna como un experto en la materia, porque definitivamente no paso de ser un incansable curioso y fascinado por la astrofísica y todo lo que rodea a estos acontecimientos. Pero sí busco que sea un mensaje sobre la importancia de ser curiosos, incluso cuando eso involucra salirnos de nuestras propias esferas para explorar otras. De 'De la Tierra a la Luna' pasamos a los despegues reales. De imaginar el viaje, a construirlo. Y en ese trayecto, también nosotros. Los que crecimos entre historias y que hoy podemos asomarnos, en tiempo real, a misiones que alguna vez parecían imposibles. No está de más decirlo. La curiosidad también se entrena. Se alimenta. A veces en los libros, a veces en espacios de divulgación como Date un Vlog. ¿Por qué adelantar esto? Precisamente porque la misión Artemis no es solo un evento protagonizado por cuatro valientes astronautas. Detrás de esa titánica aventura van —citando el live que hizo el físico Javier Santaolalla— Copérnico, Galileo, Marie Curie; van años y años de estudio y progreso humano. Para adentrarnos en el motivo de esta columna, vale la pena detenernos un momento en ese escepticismo que aparece en redes o en la sobremesa. Ese que reduce todo a una frase lanzada al aire. ¿Por qué no alunizan? Y la respuesta llega sola, confiada, sin matices. Porque no pueden. Después vienen las de siempre. Nos engañan. Es IA. Ahora todo saldrá perfecto porque existe la Inteligencia Artificial. Si el Apollo pudo, por qué ahora no. No hace falta discutir demasiado. Lo que yo puedo compartir es, primero que nada, un contraargumento inquisitivo. Cuántos de nosotros nos hemos preguntado, por ejemplo, cómo llega el internet que utilizamos en nuestros dispositivos móviles o el que nuestros módems distribuyen en nuestros hogares. Ya sé que muchos pensarán en el WiFi como respuesta obvia, pero me refiero a cómo viaja, cómo un dispositivo reconoce y sabe que debe facilitar el acceso a la red al usuario. Otra, a propósito del Mundial que está cerca en nuestro país y los vecinos del Norte. ¿Cómo llega la señal en tiempo real de la transmisión de los partidos a otras partes del mundo como Japón o China? ¿Cómo son capaces los aviones y sus pilotos para calcular rutas, despegues y aproximaciones con tal precisión, pensando en que ahora mismo vuelan unas 22 mil aeronaves simultáneamente en todo el globo? Una respuesta general a todo este contexto nos obliga a mirar con más detenimiento la historia. En los 60s, la carrera espacial protagonizada por los Estados Unidos y la Unión Soviética tenía el objetivo claro de llegar a la Luna y demostrar quién era el mejor. Era poner la bandera y marcar un antes y un después en los alcances de la humanidad. Además, en el caso de los Estados Unidos, el presupuesto para el ramo espacial rondaba entre el 30 y el 40 por ciento del gasto nacional; hoy es una fracción de eso. En contraste, Artemis se distancia de Apollo no solamente por más de cinco décadas de avance. El rival ha cambiado, pues ya no son los rusos, ahora son los chinos. Y en esa tensión el horizonte ya no es la Luna, sino una estación espacial con miras al planeta rojo. ¿A qué voy con esto? El objetivo de Artemis es conocer el alcance vital de los seres humanos al estar en el espacio, alejarse de la órbita terrestre, rodear la Luna para incrementar la exploración del satélite y volver. Todo esto, priorizando la seguridad de los astronautas. Amigos lectores, el contexto ha cambiado. El no alunizar no lo hace menos interesante ni menos riesgoso —al tiempo que alucinante—. Minimizar el acontecimiento es aventar un plato al suelo sabiendo que se va a romper. Y si sin Inteligencia Artificial podemos escribir columnas como esta, preguntarnos, dudar, insistir, volver a intentar, ¿en dónde estaría realmente el obstáculo para volver a la Luna? Ahí van Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen. Pero no van solos. Vamos todos los que todavía creemos que la curiosidad también es una forma de avanzar. * La misión costó alrededor de dos mil millones de dólares; una brutalidad de dinero. En las guerras que se están librando en Oriente y Ucrania se lanzan misiles de uno, dos y hasta 5 millones de dólares. Se han disparado cientos, todos tienen el objetivo de eliminar al enemigo y nos pone a debatir encontrando buenos y malos. ¿Por qué no -de una vez por todas- nos ponemos más humanos con la causa espacial, esperar que todo salga bien y que esto sea un paso gigante en la historia de la humanidad?