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Confundir el desacuerdo con una amenaza política empobrece el debate y estrecha la democracia
00:10 jueves 2 julio, 2026
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“Nunca debe minimizarse el surgimiento de un partido de extrema derecha como Somos México”, escribe en redes una abogada con la que coincido mucho y disiento otro tanto, que se identifica como anarquista (aún si yo la leo más bien socialista) y cuyo nombre no menciono porque no pretendo criticar su persona —que respeto y me simpatiza— sino esa opinión, a mi juicio insostenible y lesiva.
Su publicación es comentario a otra, de Adina Chelminsky, con quien también coincido en cosas y disiento en otras (no las mismas), a quien nunca he escuchado reivindicar una identidad en el continuum político, pero a quien ubico como demócrata liberal. (Además, es mi amiga). “Hoy vuelve a ganar México. Se hará oficial el registro de Somos México”, escribe una Adina que milita en esa formación. Si bien no me adscribo a su partido, tiendo a coincidir: creo que el espectro político gana con la existencia de Somos.
Reviso en línea los documentos básicos del partido neonato. Si bien Somos no se identifica de manera explícita con corriente ideológica alguna, se dice abocado a ampliar “libertades, derechos, causas y oportunidades sin ningún tipo de discriminación”, garante de “la igualdad de oportunidades para todos los sectores sociales”, comprometido con “un sistema de seguridad social que garantice la protección de todas las personas desde su nacimiento hasta su defunción”, vigilante de la perspectiva de género y “el respeto a la diversidad y a las disidencias sexuales” en una nación “multicultural y pluriétnica” en la que se propone procurar el “combate a la pobreza y la desigualdad” con medidas como una política fiscal progresiva y “políticas sociales que aborden las causas estructurales de la delincuencia”. Si eso no suena a la agenda de un partido de extrema derecha es porque Somos no es eso sino un proyecto que cabe ubicar entre el progresismo y el liberalismo, coordenadas avaladas por el alto porcentaje de ex militantes de izquierda —en especial del PRD— que figura en sus filas.
Adina y su detractora tienen diferencias formales reales y algunas de fondo, la más descollante de las cuales es de postura sobre el conflicto en Medio Oriente, punto de agenda importante para ambas. (Otra vez, con una y otra tengo coincidencias y discrepancias.)
Más aún, la autora del post original ha esgrimido posturas críticas bien argumentadas sobre las generaciones y coordenadas (boomers y genexers del establishment político) que dan origen a Somos, lo cual no sólo resulta respetable sino enriquece el debate. Lo empobrece, en cambio, tildar de extrema derecha a todo aquel de quien disentimos. (A menos, claro, que lo sea, posibilidad que se antoja cada vez más cercana hoy en México y que, de llegar el aciago momento, los demócratas de todo signo haremos bien en denunciar).
POR NICOLÁS ALVARADO
COLABORADOR
IG y Threads: @nicolasalvaradolector