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Sorprende que alguien hable con esa franqueza de sus debilidades, de su paso por la degradación, el hundimiento de una carrera
00:01 miércoles 23 septiembre, 2026
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En estos días salió a la luz el documental Chávez vs. Chávez del talentoso director Diego Osorno. Se trata de un trabajo sobre la agitada vida de Julio César Chávez, el mítico boxeador mexicano que alcanzó la gloria mundial para de ahí descender al infierno de las adicciones.
Osorno nos tiene acostumbrados a notables trabajos en la pantalla: 1994, Paco Stanley y ahora esta pieza de lujo en la que el narrador central es el propio peleador sinaloense. Chávez fue un héroe nacional cuyos triunfos en el cuadrilátero reflejaban a un México que quería impactar en el mundo. El propio presidente en ese entonces, Salinas de Gortari, procuró estar cerca del púgil para apoyarlo, sabía que un deportista triunfador era un ejemplo en el país al tiempo que le daba una proyección internacional diferente. No olvidemos que en el salinato a parte de Chávez, campeón del mundo, México también ganó con Lupita Jones el certamen Miss Universo -que en ese entonces era todo un evento internacional, no como ahora- y que aparte el poeta y ensayista Octavio Paz recibió el Premio Nobel de Literatura, lo que resultaba invaluable al presidente para el México ganador que quería promover en el mundo.
La vida de los boxeadores suele ser una montaña rusa en la que al tiempo que se consigue la fama la acompaña el hundimiento personal. Es el caso de lo que nos comenta Chávez en el documental. De la misma forma que nos platica de manera abierta y hasta simpática los inicios de su carrera pugilística, no evita detalles en hablar de la tragedia de sus adicciones. Lo mismo atraen sus comentarios sobre el extenuante entrenamiento que hace para diversas peleas en el Centro Ceremonial Otomí, que su ingreso a “un anexo”, para adictos en el que tiene que vivir varios meses en condiciones terribles. Situación que se habría de repetir con uno de sus hijos.
No es gratuito que nos atraigan las azarosas vidas de los boxeadores. La miseria, superada por el esfuerzo y la disciplina, el tesón para salir adelante, para comprar una casa a la madre, para tener alguna propiedad, algo que ofrecer a la esposa, a los hijos. Ídolos del barrio terminan siendo aclamados por multitudes. Son la pelea constante. Es el caso de Julio César Chávez, peleador incansable arriba y abajo del ring.
Sorprende que alguien hable con esa franqueza de sus debilidades, de su paso por la degradación, el hundimiento de una carrera, y la felicidad que se tornó desgracia para darse cuenta que causaba más daño con su adicción que son sus golpes. Un testimonio personal valioso y conmovedor. Por testimonios como el de Chávez, tanto de sus logros deportivos como su tragedia personal es que puede haber hoy boxeadores como El Canelo, que tiene una vida ordenada alejada de adicciones.
En fin, que no se trata de contar todo en este espacio sino de recomendar una muy buena realización documental. Porque sí, aparte de las subidas y bajadas en la vida del púgil, también se pueden ver grandes peleas, encuentros espectaculares que demuestran la enorme calidad de Chávez y el por qué de su éxito internacional. Véala, pasará unas buenas horas.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@JUANIZAVALA