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Leyeron bien: un subsecretario se permitió insultar a un ciudadano y enseguida usar la jerga propia del terrorismo islamista
00:01 jueves 5 marzo, 2026
Colaboradores
De verdad, es absurdo, a estas alturas, llamarse a escándalo por la naturaleza antisemita de las izquierdas contemporáneas. Las que mandan. Esas que están compuestas por un coctel de wokismo y populismo. Como es un sinsentido llamarse a sorpresa por el correlato de ese antisemitismo: su simpatía apenas disimulada por organizaciones terroristas capaces de asesinar niños y violar niñas, caso de Hamás, o por teocracias explícitamente genocidas que no se han concentrado en exterminar a las “comunidades” favoritas, justamente, del wokismo, como las feministas o la LGTB+, porque antes tienen que exterminar a Israel, al resto de los judíos del mundo y a Estados Unidos.
No, no se vale sorprenderse. Es un fenómeno planetario, que va de la izquierda española radical, a la que hasta hace poco no era radical, a la muchachada de los premios Goya que llevaba pins de Palestina, seguramente porque —dijo algún columnista con gracia— no dio tiempo de imprimir los de solidaridad con Khamenei; a la izquierda francesa; a Bernie Sanders; a las universidades gringas, sobre todo, pero no nada más a las gringas; a Evo (ya saben: la fraternidad universal de los pederastas ideológicamente aceptables, que era también la de Maradona), y a, cómo no, amplios sectores del chairisimo, con Noroña a la cabeza y muy, muy a la zaga, el paleto que el otro día llamó a la comunidad de los países a “desaparecer” a Israel, o la funcionaria de la Secretaría de las Mujeres, Gracia Alzaga, que le respondió a un ciudadano lo de “no hablo con sionistas”.
Así y todo, la 4T sí logra sorprendernos todavía. Fue una sorpresa que el subsecretario de Gobierno de Clara Brugada, Fadlala Akabani, lanzara una retahíla de insultos, redactada con las patas, contra Enrique Krauze, al que llama “miserable sionista al servicio del imperialismo anglosajón” y “chayotero”, al tiempo que habla, sin comas, de “la entidad enemiga de la humanidad auto nombrada “Israel” organización terrorista fundamentalista religiosa”. Leyeron bien: un subsecretario se permitió insultar a un ciudadano y enseguida usar la jerga propia del terrorismo islamista y las teocracias más oscurantistas contra una democracia con la que México tiene relaciones en todos los planos, en, sí, un ejercicio público de antisemitismo que ni siquiera hoy debería ser pasado por alto.
Por supuesto, será pasado por alto. El señor seguirá en su cargo, Brugada inaugurará una Utopía sin hacer declaraciones y la presidenta Sheinbaum, como mucho, dirá sobre su ex empleado —fue secretario de Economía chilango— que no, ellos no discriminan, que eso es propio de los neoliberales, y que el Fadlala es muy buen compañero de militancia desde que dejó el PAN. Ah, y que mejor hablen de García Luna.
De todas maneras, que quede el testimonio. Igual llegan tiempos más decentes.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09