Vínculo copiado
#ESNOTICIA
#ESNOTICIA
Todo su trabajo y todo su afán se reduce a apuntar con el dedo, señalar los defectos, gritar los pecados y desconfiar de la bondad. Todo gesto le parece sospechoso y toda piedad interesada
11:22 lunes 14 junio, 2021
Lecturas en voz alta
Satán significa adversario, enemigo, acusador (Cfr. Apocalipsis 12,7ss). Todo su trabajo y todo su afán se reduce a apuntar con el dedo, señalar los defectos, gritar los pecados y desconfiar de la bondad. Todo gesto le parece sospechoso y toda piedad interesada. «-¿No te has fijado en mi siervo? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! -exclama el Altísimo lleno de orgullo al contemplar desde el cielo las virtudes de Job. »-Ah, ¿pero es que Job teme a Dios gratuitamente? –responde el adversario con un dejo de cinismo-. ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos, y sus rebaños hormiguean por el país. Pero extiende tu mano y toca sus bienes: ¡verás si no te maldice a la cara!» (Job 1, 1-11). «¡Qué chiste! –dice Satán al Señor-. Así cualquiera te bendice. Job es el hombre más afotunado del mundo –es el Carlos Slim de estos tiempos modernos que los postreros llamarán jurásicos-, ¿y no quieres que se muestre agradecido contigo? ¡Claro que está agradecido! Pero porque lo proteges de sus enemigos y le has dado riquezas a manos llenas. Mas quítaselo todo y ya verás el cambio que se opera en él. ¡Apuesto a que te costará reconocerlo!». Juan, el visionario, escribió así de él en el libro del Apocalipsis:
Ya está aquí la salvación y el poder
y el reinado de nuestro Dios,
ya está aquí la autoridad de su Mesías.
Ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos,
el que día y noche los acusaba en presencia de nuestro Dios (12,10).
Sí, de día y de noche nos acusa, diciendo, por ejemplo:
-¿El padre Juan Jesús? ¡Pobre hombre! Míralo, Dios, míralo bien. No es tan bueno como muchos creen. Está lleno de soberbia y maldad. ¿Has leído en su corazón? ¡Qué canalla es! ¡Anda, mándale una parálisis, deténle la mano y ciérrale la boca para que lo compruebes! Y mira también a Manuel, y a María, que ahora leen uno de sus libros. Quieren parecer piadosos porque leen literatura católica. ¡Ah, como ni no supiera yo la clase de pensamientos que…! Su actitud fundamental es la desconfianza: en los gestos más heroicos no ve sino cálculos interesados y dobles intenciones; para él, la vida es una comedia cuya verdadera trama se lleva a cabo no sobre las tablas, sino detrás del telón. «Hay que desconfiar de todo y de todos», nos dice al oído. «Aquel que te sonríe desde la acera de enfrente, ¿sabes tú por qué lo hace? ¿Adivinas lo que quiere de ti, o por lo menos lo sospechas? ¡Nadie se muestra simpático con los demás sólo porque sí!». Ni siquiera se le ocurre que pudiera existir lo que los psicólogos y los filósofos han llamado gratuidad, esa hermosa virtud que nos impele a hacer las cosas por el puro placer de realizarlas. («¿Ah, pero es que Job teme a Dios gratuitamente?»). En una de las páginas de su Diario, Julien Green hizo una certera descripción de la mirada demoníaca; escribió así el 10 de febrero de 1959: «Es triste pensar que a menudo vemos la vida como la ve el demonio: con una lucidez atroz. El demonio ve con claridad, pero ve sin amor. Cuanto hay de radiante o de santo, él no lo ve, o lo oculta, o lo odia. Nos hace ver a aquel hombre y nos dice: “¡Míralo! Mira cómo se atraganta cuando come; ¿no parece una bestia? Es de una glotonería atroz. Se cree bueno, pero está lleno de pensamientos impuros. Para hacer una prueba, escucha cómo habla de los recientes escándalos. Es un hipócrita y un egoísta”. Y acaso todo eso sea verdad, pero hay otras muchas cosas además de éstas que nos negamos a ver, que veríamos si estuviéramos más atentos». De día, de noche, a todas horas, Satán acusa en nuestro interior a los demás haciéndonoslos parecer siempre viles, siempre inferiores. Es él quien nos incita a ver de las personas el lado sombrío y de los acontecimientos sólo el aspecto oscuro. Se goza en cultivar en nosotros la desconfianza, el horror y el pesimismo. Pero eso no es todo: también se complace en acusarnos a nosotros mismos delante de nuestra propia conciencia. «Eres vil, un cerdo. ¿Crees que alguien podría quererte siendo el que eres? ¡Pobre animal! Lo único que provocas es asco. Y, ahora, observa los movimientos de esa persona que está frente a ti. ¿Crees que en realidad tiene prisa, como dice? ¡Mentira! La verdad es que huye de ti: no quiere verte. Ahora mira a aquella otra: es bella y, además, rica. ¿Has observado que belleza y riqueza casi siempre caminan de la mano? Allí donde hay riqueza, allí podrás encontrar casi siempre a su gemela. Tú, en cambio, eres pobre y feo. ¿Y no se te ha ocurrido nunca reclamarle a Dios por haberte hecho como te hizo? A los otros, todo se lo dio; a ti, todo te lo negó. ¡Anda, maldice a Dios en su cara y muérete de una vez!». «La acción del Enemigo –escribió una vez el cardenal Carlo Maria Martini (1927-2012) en uno de sus libros- es la de apagar los deseos, acusarnos, apagar todo lo bueno que hay en nuestro interior. Tenemos, pues, que aprender a reconocerlo, porque está enfurecido contra nosotros. Siempre nos hace ver nuestros lados negativos, nuestros errores y nuestras incapacidades. Contra su acción, Jesús recomienda lo siguiente: no hacer caso ni dentro de nosotros, ni en la comunidad, ni en el grupo, a las voces de derrotismo y de pesimismo, que son las voces del demonio». Cuando me siento inferior (o siento que los demás son inferiores a mí); cuando creo que no valgo nada (o que son los otros los que nada valen); cuando ya no espero nada de la vida, ni de los demás, ni de mí, ni de Dios; cuando pienso que lo mejor sería morirme de una vez (o que mi vecino debería morirse cuanto antes), no lo dudemos: es él, Satanás, quien nos está dirigiendo la palabra…