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Fue la marcha más grande registrada por el Día Internacional de la Mujer
16:21 domingo 8 marzo, 2026
San Luis
El 8M se vivió en San Luis Potosí de una forma muy diferente a la de años anteriores. Aunque las llamas, la iconoclasia y la tensión estuvieron menos presentes que en otras ocasiones, más mujeres se sumaron este año a la lucha por sus derechos. El clima nublado y el viento no fueron impedimento para que cientos de mujeres llenaran la Alameda Juan Sarabia de color morado, junto con las jacarandas del parque que derramaban flores mientras, en la fila, las mujeres listas para marchar derramaban lágrimas. La marcha comenzó con diferentes bloques que emitían diversos cánticos. Por un lado se escuchaba: “No somos una, no somos diez, pinche gobierno, cuéntanos bien”, y al otro extremo se coreaba: “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”. Poderosas frases que situaron a las mujeres potosinas en realidades diversas, donde, a través de carteles, muchas entendieron las vivencias de otras y también las suyas propias, finalmente nombrándolas como violencia. Los espectadores, como cada año, salieron curiosos de sus domicilios y negocios o se asomaron desde las azoteas para observar a la multitud morada recorrer las calles del Centro Histórico. A diferencia de otros años, a los hombres se les veía tranquilos, comprensivos; algunos incluso portaban pañuelos morados u ofrecían botellas de agua a las manifestantes. Las mujeres, por su parte, observaban con los ojos llenos de sentimiento el reflejo de sus propios dolores en quienes marchaban y coreaban consignas. Al llegar a la Fiscalía, algunas tuvieron que detenerse, dar un paso atrás y abrir espacio a quienes buscaban justicia: a las madres cuyas hijas nunca regresaron, a las hermanas que se quedaron sin un consejo y a las amigas que, impotentes, recibieron la noticia de la muerte de alguien amado. La rabia y la impotencia llenaron el espacio de protesta de manera colectiva. Con cada cristal que se rompía, algo en los corazones de las mujeres que exigían justicia parecía volver a su lugar. No sería lo mismo, pero ahora ellos también tienen algo que reparar. Niñas y niños marcharon, brincaron y cantaron junto con las mujeres, viendo en sus madres a personas que luchan por sus derechos y que enseñan a sus hijos a hacer lo mismo. Aún sin comprender del todo el dolor detrás de la protesta, los pequeños se colocaron en un lugar de aprendizaje: hicieron preguntas, observaron rostros cargados de emociones y comenzaron a entender un poco más la realidad que los rodea. La Plaza de Armas, junto con los palacios municipal, estatal y legislativo, fue evitada por la marcha. Los vendedores que usualmente bloquean el paso de los transeúntes se encontraban convenientemente colocados frente a las instalaciones de gobierno, impidiendo el acercamiento. Finalmente, la movilización concluyó frente a la que ha sido protagonista de titulares durante el último año: la UASLP. Sus puertas, pese a haber sido cubiertas, no quedaron intactas ante la furia de las estudiantes, quienes vieron a una compañera ser violada dentro de las instalaciones de su facultad y a uno de sus agresores quedar impune. Son las mismas estudiantes que durante años han denunciado acoso, agresiones y violencia en los pasillos de la universidad, y que han visto cómo esos casos quedan encerrados en expedientes improcedentes, con una Defensoría de Derechos Universitarios atada de manos y sin dientes. Las puertas ardieron. Fuego con fuego, las llamas apaciguaron de alguna forma el sentir de las manifestantes, quienes entre aplausos y abrazos se despidieron de la oportunidad de haber tenido, una vez más, las calles para caminar juntas. Tranquilas por un momento, pero con el temor de que el próximo año tengan que volver a hacerlo, quizá por algo que no regrese: una persona, un corazón, la dignidad, la confianza u otra de esas tantas cosas que la violencia patriarcal sabe arrancarles a las mujeres.